Portada Blacksad: AmarilloSeparados por menos de un mes se han producido los dos lanzamientos más importantes del año en el mundo de el cómic. A finales de octubre salió a la venta “Astérix y los Pictos” y, el pasado 15 de noviembre y bajo el título “Amarillo“, el quinto álbum de Blacksad con guión de Juan Díaz Canales y dibujo de Juanjo Guarnido.

Supongo que para sus autores no es fácil afrontar una nueva aventura de Blacksad. Desde el lanzamiento del primer álbum (“Un lugar entre las sombras” – 2000 -), la serie ha recibido multitud de premios (incluyendo varios Eisner) situando el listón cada vez más alto y convirtiéndose en referencia en el medio y recomendación obligatoria para los escépticos que aún no se han acercado aún al mundo del cómic. Tras tres años de espera, podemos asegurar que “Amarillo” nos devuelve al mejor Blacksad y da un pasito más en la evolución del personaje.

El cómic nos presenta a un Blacksad que, tras su aventura en Nueva Orleans, sin blanca y cansado de tanta violencia y muerte, decide darse un tiempo buscando un trabajo tranquillo y alejado de la locura que es Manhattan. El azar le lleva a ser contratado para trasladar el coche de un desconocido hasta Tulsa, pero una distracción hace que éste sea robado por un tipo que quedará involucrado en un asesinato, iniciando una particular “road movie” donde desfilarán policías, artistas de circo, vividores y algún que otro particular abogado.

A diferencia del anterior álbum, Díaz Canales opta por una trama lineal sin saltos en el tiempo que va de menos a más gracias a la fuerza que imprime a los personajes secundarios. A un Blacksad algo “despistado”, cansado y con pocas ganas de acción, le rodean nuevos personajes que dan brillo al álbum (en especial, el abogado y representante de Chad, una hiena educada, irónica pero con los pies en el suelo y clave en el final del álbum) y articulan, en un medido engranaje, los hitos principales de la historia. El cómic se inicia con pausa (quizás demasiada) pero, paulatinamente, va ganando intensidad hasta conseguir atrapar al lector en un resolución de la trama algo previsible pero inevitable.

El apartado gráfico sigue brillando en este quinto álbum gracias al cuidado trabajo de Juanjo Guarnido. Con una acertada elección de los animales para cada uno de los personajes, el autor consigue recrear a la perfección la América de los años 50, desde el espacio urbano general hasta el más mínimo detalle, todo aglutinado por su habilidad para plasmar ese ambiente en que se desenvuelven, ya sea la oscuridad de un tugurio o la luz de de los campos de trigo que bordean la carretera. Pero todo esto no tendría sentido sin su conjunción con el ritmo que le marca el guión, manejando con habilidad la composición de la página en función de la historia y transmitiendo al lector los momentos de pausa, acción o tensión. Si rebuscamos, tan sólo encontramos algún lunar en algunas pequeñas viñetas, donde descuida su trazo y color y quedan demasiado abocetadas, como si no fueran suyas.

En resumen, el reencuentro con Blacksad ha sido muy bueno y, como pasa en los anteriores álbumes, queda un regusto dulce que sabe a poco, pero, como dice nuestro compañero BD_Vigo, tenemos la sensación de que estamos ante algo muy grande. No lo dejéis escapar.