Batman: Shaman, de Dennis O’Neil y Ed Hannigan

Así que decidí comenzar con “Shaman” (publicado en Legends of the Dark Knight # 1-5, de noviembre de 1989 a marzo de 1990), el arco inaugural de un nuevo título que DC preparó para conmemorar el 50 aniversario de Batman. Hoy en día, con docenas de colecciones vinculadas con Batman, cuesta creer que a fines de los 80s sólo había 2 títulos: “Detective Comics” y “Batman”. “Legends of the Dark Knight” se convirtió en la tercera serie mensual, y claramente DC se esforzó en elegir a los mejores equipos creativos para estas nuevas y memorables sagas. ¿Y quién podría haber sido más adecuado que Dennis O’Neil para dar inicio a este proyecto?

Conectamos con Batman mejor que con otros superhéroes por una razón: a pesar de que es capaz de lograr hazañas imposibles, al final del día no es más que un ser humano. Pero él es lo mejor que podríamos aspirar a ser. Él ha entrenado durante años para dominar todas las técnicas de lucha, perfeccionando sus habilidades, entrenando el cuerpo y la mente. Y su capacidad humana, llevada al extremo, es lo que encontramos tan cautivadora. Contra viento y marea, Batman encontrará la manera de triunfar. O morirá en el intento. “Shaman” ejemplifica esta noción. Sobrevivir a bajas temperaturas sin equipamiento alguno se convierte en un reto difícil para Bruce Wayne. Pero él sabe que no puede darse por vencido. Debe seguir caminando. El frío es el enemigo, y si se detiene, siquiera por un segundo, morirá congelado. O’Neil describe la marcha agonizante de Bruce Wayne de tal manera que casi podemos sentir el descenso de la temperatura. Al final, Bruce Wayne es rescatado por un chamán y su hija; él sabe que les debe la vida, pero sigue siendo un joven inmaduro que cree que al regalar dinero demostrará su gratitud. Y ese es un error que desencadena una dramática secuencia de eventos.
Bruce Wayne regresa a Gotham, y un par de años más tarde, en las noches, comienza a patrullar las calles como Batman. Por supuesto, es ayudado por Alfred Pennyworth; en el pasado, él era simplemente un personaje secundario y ahora, en manos de O’Neil, es un co-protagonista más complejo y encantador. El “ingenio sarcástico” de Alfred y su ironía inglesa son ahora los rasgos de personalidad más conocidos del mayordomo más respetado de los cómics, y es todo gracias a O’Neil. En los capítulos siguientes, una serie de eventos aparentemente no relacionados señalan una conexión entre Alaska, el chamanismo, los ritos paganos y un nuevo adversario lo suficientemente poderoso como para derrotar a Batman en su primer enfrentamiento. No creo que sea una buena idea revelar el desenlace, así que no entraré en detalles. Pero sí mencionaré un par de mis momentos favoritos. El primero es el retorno a Alaska; allí Bruce Wayne descubre que el dinero que donó a la tribu mediante la Fundación Wayne ha corrompido su modo de vida, convirtiendo a los aborígenes en alcohólicos o drogadictos; la parte más triste es cuando Bruce encuentra al chamán que le salvó la vida, y lo ve realizando trucos baratos para los turistas y degradándose a sí mismo por una botella de licor. Ese es el tipo de escena que no creo que podríamos llegar a ver en un cómic de DC hoy en día, no porque los editores lo impidiesen, sino sobre todo porque nuestra generación realmente cree que todos los problemas del mundo se pueden resolver con dinero.

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