Como el propio Horacio Altuna reconoce en el artículo introductorio a esta magnífica obra presentada por Planeta DeAgostini, Merdichesky es un cómic que se mira en las novelas de Raymond Chandler y en películas como Serpico y Taxi Driver, para devolver su reflejo cruzado con Woody Allen en “Sueños de un Seductor”. Quién mejor que el autor para dar referencias de su trabajo. No será aquí donde se le lleve la contraria porque Altuna da en el clavo. Esas cuatro pinceladas bastan para hacerse a la idea de qué tipo de historieta es Merdichesky. Una obra maestra de entre sus siempre recomendables colaboraciones con el guionista Carlos Trillo.

Merdichesky es un antihéroe. Un hombre frágil en todos los sentidos. Un policía rechazado por su entorno y que se rechaza a sí mismo. El protagonista vive con la contradicción de ser algo de lo que él mismo desconfiaría y es perseguido por motivos contrapuestos tanto por sus compañeros como por los delincuentes. El carácter marginal e inclasificable del personaje es causa de las situaciones más absurdas, de momentos ridículos en los que el humor se manifiesta a veces irónico, a veces amargo. Los autores se divierten con situaciones paradójicas, como cuando el propio policía se queja de la inseguridad ciudadana, cuando se pone de manifiesto el racismo en todos los estratos de la sociedad estadounidense al ser perseguido por antisemitas primero y negros después, o cuando una estatuilla de Gandhi es utilizada como arma arrojadiza.

Merdichesky es un cómic que trata sobre los prejuicios. Sobre los prejuicios que niegan a un policía ser una persona sensible y con inquietudes intelectuales, y los prejuicios de los autoproclamados progresistas que no saben ver al hombre más allá del detective. Un cómic que trata también sobre las contradicciones que causan esas mismas situaciones. El tamaño adecuado, la tapa dura y el buen papel, una introducción escrita por Altuna y una entrevista al dibujante, más un episodio inédito e inacabado harían de este librito una edición P-E-R-F-E-C-T-A. Pero parece que esta no será la versión definitiva. Al principio del segundo episodio faltan dos páginas. Planeta ha emitido un comunicado según el cual no fue posible localizar los originales de esas páginas y el propio Altuna decidió que se publicase sin ellas. Una excusa peregrina cuando se podría haber recurrido a un buen escaneado. Tal vez esta sea la decisión del autor, pero no es ni comprensible ni compartible. Pronto se publicará también en la misma colección Tragaperras. A ver si se acuerdan pronto de reeditar “El Último Recreo”, toda una obra maestra.

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