Las serpientes ciegas, de Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí

Todo el relato está salpicado de pequeños guiños que van dando claves de a dónde irá a desembocar. Un juego con el que el lector avisado puede divertirse. A este respecto presten atención al monólogo interior del supuesto investigador y a su aspecto. Cava y Seguí desentrañan la historia de Ben, quien arriba a Nueva York procedente de Detroit con una cuenta pendiente con la policía. El protagonista mantiene también una innombrada deuda con un misterioso personaje que años después llega a la ciudad en su busca.
Los autores construyen un sólido argumento desgranado de forma fragmentaria. Una intriga que vamos conociendo a base de flashbacks y líneas paralelas que al final confluyen. Dibujado con trazo expresivo, y diestro y significativo uso del color, Ben se introducirá en los incipientes círculos comunistas norteamericanos y acabará sin desearlo como voluntario en la Guerra Civil Española. Un trasfondo inquietante para un cómic en la que todo el mundo oculta algo y todo lo que cuentan parecen mentiras. Una trama endiablada para un cómic verdaderamente diabólico.

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