Richard Stark es el pseudónimo de Donald Westlake, guionista de Los Timadores, película de Stephen Frears protagonizada por John Cusack, Anjelica Houston y Annette Bening. También es el autor de The Hunter, una novela negra que ha sido llevada dos veces a la gran pantalla. La primera protagonizada por Lee Marvin como A Quemarropa y la segunda por Mel Gibson bajo el título de Payback. Y eso es algo que se nota en esta adaptación que ha hecho Darwyn Cooke. Se nota y demasiado.

El Cazador compone una novela gráfica muy recomendable, un gran comic que carga con algunas rémoras que le impiden ser un trabajo redondo. No es que el relato sea malo, ni que al trabajo de Cooke le falte calidad. Al contrario, es interesante y, por momentos, cautivador. El dibujante se arriesga explorando nuevos territorios, alejándose del estilo pulcro al que nos tiene acostumbrados para mostrar una faceta más dura, sucia y oscura. Cooke aprovecha con gran efectividad el bitono para crear un logrado contraste de ambiente entre luces y sombras. No, no radica ahí la pega de El Cazador. Pero hay algo que falla, y es la forma en que el autor cuenta la historia.

Darwyn Cooke ha optado por una técnica en exceso cinematográfica, en la que en demasiadas ocasiones se le nota que su intención es mover los encuadres como si estuviera manejando una cámara, utilizando el traveling, el zoom, la perspectiva, renunciando en muchas ocasiones al lenguaje del comic para parecer un remedo de storyboard. Un empeño que imprime a El Cazador un ritmo demasiado machacón, una narratividad que lo da todo demasiado mascado. En su deseo de lograr sensación de dinamismo consigue justamente lo contrario, un discurso poco fluido y en exceso denso. En otras ocasiones el dibujante experimenta con el tamaño y la disposición de las viñetas para entrar directamente en el campo de la ilustración. Pero la profusión de texto hace que a veces llegue a dar la impresión de que Cooke está poniendo imagen a páginas salidas directamente de la pluma de Westlake. Un problema de difícil solución pues muchas veces todo este discurso se hace imprescindible para comprender y hacer avanzar la acción. Sólo hacia el final parece que el dibujante va cogiendo el tono, aunque olvida las elipsis para insistir en largos fragmentos literarios llegan a hacerse repetitivos.

El dibujo es inmejorable y la historia que pone en imágenes es excelente. Desgraciadamente Darwyn Cooke no acierta a contarla. Tal vez se ha planteado una obra que le viene grande, o ha querido ir más allá y no le ha salido bien. A pesar de que The Hunter es un comic muy estimable, resulta envarado. Y por mucho que Cooke quiera dibujar a un protagonista guapetón, el personaje de Parker sigue siendo un tipejo amoral y despreciable con el que es imposible sentir ningún tipo de empatía. Un fulano que en pos de una venganza va dejando un reguero de cadáveres tras de sí. Al menos el Torpedo de Sánchez Abulí tenía gracia.

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