El Alcohólico, de Jonathan Ames


El dibujo de Dean Haspiel tampoco es para tirar cohetes y ayuda poco a que la historia gane en interés. Sin embargo según se avanza en la lectura, se hace patente que estamos ante un relato más que correcto y muy bien desarrollado. A pesar de que el dibujo de Haspiel sea poco atractivo, sabe ser expresivo y su narrativa es acertada. La vivencia existencial de Jonathan A., el protagonista y alter ego del autor, pasa de ser entretenida a convertirse en notable. Ames se centra en sus trastornos con todo tipo de adicciones, sus inseguridades y sus quebraderos de cabeza sentimentales que giran en torno a una relación casi obsesiva con un amigo de la adolescencia y una mujer de la que se enamora perdidamente.
Y es ahí cuando se manifiesta como lo que es: un buen escritor que sabe darle una estructura atractiva a su historia yendo hacia adelante y atrás para engarzar inteligentemente su relato. No tiene pudor en contar los sucesos más humillantes de su trayectoria, y lo hace con cierto desapego desmitificador que los tiñe de humor. Es cuando definitivamente profundiza dentro de sí mismo para revelarnos sus entrañas, cuando El Alcohólico acaba siendo finalmente adictivo. Así pues, el título es engañoso. El libro no gira en torno a la bebida. Las drogas de todo tipo son sólo un elemento más dentro de la peripecia vital de un hombre inseguro y perdido con el que en muchos momentos nos podemos sentir identificados. Con sus complejos, con su continua búsqueda, con su necesidad de amor.

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