Detalle portada American Gods 4

Cuarto número de “American Gods”, adaptación al comic de la novela de Neil Gaiman, publicado por Planeta en España con American Gods: Shadows #4 USA. En el número anterior dejamos a Sombra y a Wednesday visitando la casa de Czernobog y las hermanas Zarya y jugando una partida a las damas entre Czernobog y Sombra. La apuesta que hacen es si gana Sombra, les acompaña Czernobog en su viaje; si pierde, le reventará los sesos con una maza. Tras la partida, Sombra y Wednesday son invitados a pasar la noche en la casa, y al conciliar el sueño, Sombra se encuentra en una pesadilla a la tercera hermana a la que no han visto, Zorya Polunochnaya, con la que mantiene una conversación. Ella es la encargada de vigilar a un monstruo que se halla en las estrellas, para que no escape, y le hace entrega a Sombra de una moneda para que la guarde. Cuando despierta no sabe si todo ha sido un sueño o realidad, pero encuentra la moneda en su mano, mientras Wednesday le propone un plan.

Neil Gaiman avanza poco en esta ocasión en la trama principal, solo para presentar a un nuevo personaje, aunque la partida de damas se presenta con tensión, capturada de manera especial por el dibujo de Scott Hampton. En contraste, las páginas de Zorya son luminosas, como la luz de luna que representa.

La segunda parte del comic es un relato del diario del Sr. Ibis sobre las deportaciones desde Inglaterra a Estados Unidos en 1721, en que narra la historia de Essie Tregowan, una joven que desde niña creyó en los cuentos de hadas y elfos, dejando como presente un plato con leche en la puerta trasera. Tras varias vicisitudes es deportada a América por robar en los bajos fondos de Londres, donde se casa con el propietario de una plantación de tabaco, sucediendo varias desgracias con sus hijos hasta que llega a la vejez, recibiendo una extraña visita. Este relato no sabemos si guarda relación con la historia principal, pero el trabajo de Colleen Doran es magnífico, realizado con todo lujo de detalles y una belleza increíble, tal es así que ensombrece la historia principal. También la portada de Glenn Fabry es digna de mención.

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