En el número de este mes de “Le Monde Diplomatique” encontramos un interesante artículo de opinión de Marc Pastor acerca del uso de la novela gráfica como instrumento de narración de hechos contemporáneos. Las líneas que siguen a continuación corresponden al texto introductorio del artículo, el resto del mismo se encuentra en la edición impresa (via web es sólo para suscriptores).

“Desde hace unos años, las principales librerías consagran importantes secciones al cómic. Aun así, muchos lectores siguen observando dichos rincones con suspicacia.¿Qué podemos encontrar allí? Un primer acercamiento deja una sensación de desconcierto. Junto a los clásicos franco-belgas, los inevitables superhéroes y los de origen japonés, un género innovador se abre camino buscando el calor de un nuevo público: la “novela gráfica”.

Como suele ocurrir con lo relacionado con el arte y la creación humana, las fronteras no están claras. Sí lo está, en cambio, la intención que en su día le dio a la expresión uno de los mayores “historietistas” de la cultura occidental: Will Eisner quien revolucionó el mundo del cómic en 1978 con su obra Contrato con Dios, concebida como una experiencia de profundidad literaria. Se trataba de buscar un público nuevo, adulto y básicamente lector, y de poner a su servicio la potencialidad de lo que denominó “arte secuencial”. Como Eisner mismo solía explicar, la idea era conjugar texto y dibujo de manera que, de su relación, surgiese algo mucho mayor. Hoy la “novela gráfica” se impone como género, y abarca los temas más serios de la política y de la sociedad contemporáneas. ”