Del blanco y negro al arte total: el viaje de Tintín Una mirada a la obra maestra de Hergé, cuyo trazo claro, narrativa impecable y espíritu de exploración sentaron las bases de la bande dessinée moderna.

El 22 de mayo de 1907 nace en Etterbeck (Bélgica) George Prosper Remí, al que el mundo conocerá por su pseudónimo Hergé (pseudónimo que obedece a la fonética escrita de sus iniciales invertidas R y G). George sufre en primera persona las penurias de la Primera Guerra Mundial (1914), ya que crece en una Bruselas ocupada por soldados alemanes. Estas experiencias que ocuparán los últimos años de su infancia, le marcarán de forma importante, así como le marcará su educación en un colegio católico (en esa época, la sociedad belga se dividía entre socialistas y católicos) y la pertenencia a los Boys Scouts.
A pesar de ser un ilustrador nato (no tomó clases de dibujo), su pasión frustrada sería la de ser reportero gráfico (lo que hoy podríamos llamar, periodismo de investigación). De ahí que, cuando nace bajo su dirección la revista “Le Petit Vingtième” (El pequeño siglo XX, suplemento de un periódico ultraconservador, clerical y nacionalista como era el “Le XXème Siècle”), el personaje de Tintín comience sus aventuras como reportero, en clara referencia a la admiración que le embargaba dicha profesión.
Comienza la historia de Tintin: sus primeras aventuras

Otro detalle interesante es ver como los gags de esta obra inicial serían utilizados posteriormente por el propio Hergé en otras aventuras, en escenas muy similares (el intento de envenenamiento, la caída por la pendiente nevada, la persecución en lancha, el fusilamiento fallido, etc.)
El siguiente periplo llevaría a Tintín de viaje por África, y, más concretamente, por el Congo (hay que recordar que en aquellos años era la gran colonia belga). “Tintín en el Congo” es el único álbum en el que podemos leer referencias a la religión católica, debido, en parte, a que este territorio africano era tierra de misiones. Los personajes religiosos que aquí aparecen son blancos y paternalistas, y están motivados por la influencia del Abad Wallez (director del periódico “Le XXème Siècle”) sobre Hergé, de manera que podemos apreciar que la auténtica motivación del álbum no es sino fomentar la vocación colonial, debido a la escasez de mano de obra. No obstante, las referencias sociales y políticas pierden importancia, primando más el carácter abiertamente aventurero del reportero.

La declaración de la Ley Seca en Estados Unidos y las guerras de clanes mafiosos saltan a primera línea mediante los primeros filmes de cine negro. Estas noticias de actualidad en 1931, junto con la fascinación personal de Hergé por los rascacielos, la mecanización de la era moderna, el jazz, la velocidad y el atractivo indómito hacia los indios americanos, hacen que Tintín viva su siguiente aventura: “Tintín en América”.

El álbum hace un retrato caricaturesco de la nación americana, distorsionada por la subjetividad de sus fuentes, pero que da pie a un sinfín de aventuras dispares para Tintín. Éste se enfrenta a Al Capone, lucha contra contrabandistas, saboteadores y secuestradores, se transforma en cowboy, realiza persecuciones en tren e, incluso, realiza un minialegato a favor de los indios, en forma de denuncia del abuso del hombre blanco sobre los derechos de los indígenas.
No obstante, hubo ciertas distensiones con el Abad Wallez a la hora de publicar la aventura, debido a que para el religioso, América era el país del dinero, la corrupción, el protestantismo y la francmasonería, y no quería despertar en la juventud motivación alguna para que éstos ansiasen el modo de vida americano.
Como curiosidad del álbum, es la primera vez que aparece un personaje de aires aristocráticos, al cual no tardaremos en ver y que hará pasar a nuestro reportero por momentos extremos: Rastapopoulos.

Y es en este periplo donde aparecen por primera vez algunos de los grandes amigos de Tintín: el Señor Oliveira da Figueira, un rechoncho y simpático charlatán dedicado a la venta de artículos de todo tipo y los gemelos Hernández y Fernández (Dupont et Dupond en su concepción original belga), investigadores policiales muy particulares que se harán pronto del favor del público por sus tronchantes meteduras de pata.
Otra curiosidad sobre esta historia es la supresión de parte de la aventura original al remontarla y retocarla para el álbum. Seis planchas con parte de la acción que no convencieron a Hergé para que continuasen formando parte de la trama. A continuación podéis ver dichas páginas. Las primeras narran una acción que se situaría entre las últimas viñetas de la página 53 del álbum actual (curiosamente, las dos acciones en las que Tintín se tiene que enfrentar a serpientes cobra):



Las tres siguientes irían situadas entre las últimas viñetas de la página 57 del álbum actual:




El verdadero rostro de la tragedia sobre la invasión de Manchuria, por parte de Japón, y la posterior invasión de todo el territorio norte de China en 1933 es motivo para que Hergé (tras la influencia del contacto con Tchang) quiera documentarse más a fondo sobre la cuestión Chino-Japonesa, evitando conformarse con las imágenes estereotipadas que llegan a través de los noticieros.
El compromiso de Hergé en este álbum provocará las quejas de la embajada de Japón: Tal es la influencia social del personaje y sus aventuras, cinco años después de su creación.
En cuanto al nivel creativo y gráfico de Hergé, en este álbum da un salto cualitativo. Las composiciones son más completas, los escenarios más trabajados y los personajes menos caricaturescos que en sus inicios. Y esto se nota tanto en el tiempo de ejecución como en el respeto hacia los dibujos originales a la hora de la recomposición de la aventura en forma de tomo.

Plancha original de 1934 junto a su redistribución viñetística para la composición del álbum actual
También se eliminó en esta historia una secuencia cómica al reestructurarlo para el formato álbum, concretamente estas dos planchas de septiembre de 1935:


Otros detalles que pasan desapercibidos de la edición de los álbumes ya analizados son los siguientes:
– En la primera viñeta de “Tintín en el Congo”, el reportero se despide de un grupo de personas en la estación de tren. En la reedición de la aventura en formato álbum coloreado, se sustituyen a los dos maquinistas por la pareja Dupont et Dupond (Hernández y Fernández), los cuales ya cuentan con el favor del público al llegar la reedición. El resto de personas son: Un boy scout (debido a su filiación personal con este movimiento juvenil), varios niños y adultos, dos de los cuales son sus íntimos colaboradores Jacques Van Melkebeke y Edgar P. Jacobs, autor éste último de los personajes de cómic “Blake et Mortimer” y que se encargaría de corregir, dar nuevo formato y colorear los álbumes en blanco y negro de Tintín. Junto a ellos también se encuentran Quick y Flupke (otros dos personajes creados por Hergé) y el propio autor.


– En el mismo álbum (aunque no aparece su nombre) hace acto de presencia Henry de Monfreid, un famoso aventurero y escritor francés, el cual fue durante una etapa de su vida traficante de armas en el Mar Rojo.

Para la sexta aventura (diciembre de 1935 a febrero de 1937), Hergé continua sumergiéndose en culturas misteriosas y desconocidas. Y si su última narración había llevado a Tintín de paseo por la remota Asia (India y China), en la siguiente enviará a su joven reportero a indagar un misterio que le hará investigar y conocer las misteriosas tradiciones de las tribus de Sudamérica. Pero Hergé decide aprovechar la acción para ridiculizar un conflicto bélico que acababa de terminar: La Guerra del Chaco.

En “La oreja rota”, Hergé utiliza el episodio de Tintín para ridiculizar el conflicto (en base a la teoría del petróleo) y a los dos países sudamericanos, teniendo conocimiento del mismo a través de la revista satírica ya mencionada Le Crapouillot (ya que no se habla del conflicto en los medios, a nivel general). Pero también usa su narrativa para denunciar el tráfico de armas y a uno de los artífices de la historia real, Basil Zaharoff (un traficante del que se decía que se lucró vendiendo armamento a ambos bandos, tras motivar él mismo el conflicto), retratándolo de forma físicamente fiel, pero alterando un poco su nombre:

Hay que decir que la fuente de información que influenciaba a Hergé (Le Crapouillot) era una revista que se nutría de temas morbosos y reales (pero poco demostrables con fuentes fidedignas) como el tráfico de armas y drogas, los falsificadores de moneda o el poder de las sociedades secretas (hay que recordar que para parte del mundo católico de aquellos años, la francmasonería era un peligro real que había que descubrir y denunciar, y contra el que luchar).
En el aspecto puramente argumental, Hergé mezcla el conflicto bélico del Chaco con la influencia de la sociedad consumista sobre la forma de vida de los aborígenes, representados aquí como la tribu de los arumbayas, nombre ideado por el autor. Y en cuanto a secundarios famosos, veremos por primera vez al General Alcázar y al traidor Pablo (Juan Paolino en la versión original), y, aunque se nombra al general enemigo (Tapioca) no lo llegaremos a ver.
Al final Tintín recupera el fetiche que motiva toda la historia, y los dos personajes que tan sólo querían el fetiche por el diamante de su interior, mueren víctimas de su propia codicia hundiéndose en el mar, para posteriormente verlos llevados en volandas por pequeños demonios con alas de murciélagos y tridentes, final con clara influencia católica. La figura del abad Wallez sigue presente.
Estas son cuatro planchas de una página que acompañaron a la primera edición de la aventura, y que se han perdido posteriormente en el montaje de los álbumes.

En cuanto al álbum, tan solo se puede resaltar la labor de actualización que en él se hace al pasar a formato álbum, modernizando los uniformes de las personas que aparecen (pilotos de aviación, enfermeras etc.) así como todos los vehículos, ya sean trenes, aviones o coches, los cuales se adaptan a modelos más acordes a la época en que se retoca y redistribuye la aventura.



Ya en 1936 se hace patente la evolución de las historias ilustradas hacia el formato a todo color, por lo que es necesario (comercialmente hablando) dejar de lado el blanco y negro, para que el personaje y su publicación no dejasen de perder nuevos adeptos. Este hecho motiva que Hergé respondiese insertando páginas con un grabado en color (fuera de texto) en los álbumes. Pero esta etapa de los años treinta traería otras consecuencias que influirían en el devenir del personaje.
En plena mitad del siglo XX, la extrema derecha se va extendiendo por Europa. Los efectos de la Gran Depresión de 1929, junto con la desazón de haber perdido la Primera Guerra Mundial, hacen que los alemanes elijan en 1933 a Adolf Hitler como Canciller del país, y más tarde (en 1943) éste repondría en el puesto de Presidente de la República Social Italiana a Benito Mussolini, el cual estaba en la cárcel.
Este giro a la derecha tenía en Bélgica a un representante en la persona de Leon Degrelle, oficial de la Wafen SS y político fundador del partido Christus Rex (el Rexismo, de inspiración católica y conservadora). Degrelle y Hergé compartieron cierta afinidad, ya que provenían del mismo ambiente. De hecho, ambos trabajaron en el diario XX Siecle (forjando allí su amistad), lo que motivó la simpatía de Hergé hacia los rexistas. El propio Degrelle presumía sobre que Hergé se había inspirado en él para crear al personaje de Tintín, aunque el autor siempre mantuvo que fue en su hermano, Paul Remí, en quien se inspiró.
Pero a raíz de la participación en la elecciones de 1936 del partido rexista (en la cual consiguieron 21 diputados y 12 senadores), y su caída en desgracia hacia 1939 (haciendo que Degrelle se radicalizara aún más), propició que Remí se distanciase de su amigo León.

Sildavia y Borduria son dos países imaginarios situados en centroeuropa, en los que George Remí intenta representar la problemática de ese momento. Los uniformes de los militares que conspiran contra el rey Muskar XII son muy similares a los utilizados por los mandos alemanes, y la propia conspiración es un dibujo real de la presión que tuvo que sufrir Leopoldo III, rey de Bélgica, debido a su neutralidad, la cual duraría hasta la invasión alemana realizada el 10 de mayo de 1940. Borduria sería la representación de Austria, cuya unión con Alemania amenazaría esta neutralidad, aunque existen elementos representativos del conflicto real en ambos países.
Las pistas de la crítica no pueden ser menos veladas: el enemigo oculto de la conspiración contra Sildavia es un tal Müsstler, nombre que resulta de mezclar Mussolini con Hitler y Anton Mussert, colaboracionista y nazi holandés; Hergé dibuja aviones Heinkel HE 112 (sustituidos en la versión coloreada por los Messerschmitt Bf 109B) y, además, escribe sobre una especie de Quinta Columna infiltrada en el país denominada “La Guardia de Acero”.
El mensaje de Hergé es claro, tal y como escribe Fernando Castillo en su libro “Tintin – Hergé”: “Todo el álbum es un aviso explícito acerca de la amenaza que se cernía sobre Europa, especialmente sobre las monarquías parlamentarias, cuyos regímenes a veces mostraban una gran debilidad ante las pretensiones de los sistemas y los grupos autoritarios.”
En el aspecto gráfico, esta historia supone la primera aparición de la gran soprano Bianca Castafiore (apodada El Ruiseñor de Milán), quien junto a su fiel pianista Igor Wagner, recogen a Tintín, el cual s eencuentra huyendo de la policía sildava. Este personaje (cuyo nombre italiano se traduce como Blanca Casta Flor) es la única referencia femenina en los álbumes de Hergé, y aunque fue recurrente y divertida en sus apariciones, el hecho de ser la única fémina del elenco sirvió para que detractores del autor lo acusaran de machista y misógino. Sin embargo, es más probable que al ser Tintín una publicación para jóvenes y niños realizada por un medio y autor católicos, Hergé obviase las referencias al otro sexo por pudor religioso.
El nombre del pianista que acompañaba a Bianca pudo obedecer a la creciente demanda de la música de Richard Wagner en el régimen autoritario de Alemania. Aunque otra teoría habla de la coincidencia de que Hergé y Richard Wagner hubiesen nacido el mismo día (22 de mayo), y este fuese su particular homenaje a tal concurrencia.
Otro personaje de cierta relevancia en álbumes posteriores y que aparece aquí por primera vez es el Coronel Boris Jorgen, el cual le dará más de un dolor de cabeza en el periplo espacial del reportero.
Y un detalle más: El B (del que vemos algunos textos) es una ocurrencia de Hergé, que lo crea en base al Marollien, un dialecto de Bruselas (rica combinación de neerlandés y francés con un poco de español e incluso de hebreo) que hablaba la abuela de Remí.
En la reedición y remontaje del álbum (no así en la aventura original, ya que aún no tenían relación) también aparecen por dos veces dibujados en el álbum tanto el propio autor como su querido amigo Edgar P. Jacobs, ambos ataviados con uniformes sildavos.




Última página de Tintín publicada por «Le petit vingtiéme» (8 de mayo de 1940).

Diferencia políticamente correcta entre la 1ª y la 12ª edición
Su publicación abarcaría un año completo (18/10/1941). También sería el debut de Allan Thompson (aunque en la reestructuración de álbumes anteriores con viñetas retocadas hará que aparezca en “Los Cigarros del Faraón”).
Sin embargo, las dificultades de la guerra hicieron cada vez más difícil la publicación del semanario, de forma que el 23 de septiembre de 1941, la aventuras del reportero pasan a editarse en formato “strip” en el propio diario Le Soir (es decir, tiras de tres o cuatro viñetas) a diferencia de la publicación que se hacía en el semanario, de dos páginas cada domingo.
En todas las aventuras de esta etapa prima la temática de acción sobre el cariz de denuncia y crítica que tuvieron los primeros periplos, y es que Hergé huyó de la posibilidad de que su obra cayese bajo el punto de mira de la censura, lo que no fue óbice para que deslizase ciertos mensajes de crítica entre sus viñetas (sabotajes, intentos de asesinato o falsos S.O.S. eran técnicas usadas habitualmente por los países del Eje, por ejemplo). En el caso del Cangrejo, se utiliza la historia para hacer ver los estragos del alcohol y, más solapadamente, seguir denunciando el tráfico de estupefacientes.

Modificación en la reedición del álbum de 1954
Un detalle editorial interesante es que éste fue el primer álbum editado a todo color, y es en ese momento, que la editorial Casterman (propietaria actual de los derechos del personaje) propicia que se revisen las anteriores aventuras para pasarlas a cuatricromía, recomponiendo su estructura, repasando viñetas y editándolas en formato álbum de 62 páginas.
El 21 de mayo de 1942 finaliza esta aventura, y tres semanas más tarde comienza “El secreto del Unicornio”, la cual tendrá una continuación lógica en “El Tesoro de Rackham el Rojo”.
Hergé aborda el viejo clásico de la búsqueda del tesoro.
En “El Secreto” vemos varios asuntos que, en principio, no tienen nada que ver, pero que desembocarán en una sola epopeya: el carterista perseguido por los Hernández y Fernández, la compra de la maqueta del barco en el anticuario, el enfrentamiento con Ivan Sakharine y los hermanos Pájaro (Loiseau en el original), la historia del caballero Francisco de Hadoque… Pero independientemente de la confluencia de estas tramas en una única aventura, hay un asunto sobre el que Hergé se ha documentado profundamente, y es en la elaboración del barco.
En “La estrella misteriosa” hubo ciertas críticas sobre el diseño del barco Aurora que va a la conquista del meteorito: “Lamento no haber utilizado una maqueta para dibujar el Aurora. Este barco no está muy conseguido. En el mar no aguantaría” reconocería el propio Hergé. Por lo que realiza un trabajo exhaustivo a la hora de dibujar y dar credibilidad al Unicornio. Para ello (además de recavar información sobre las embarcaciones del siglo XVII) se inspiró en una embarcación real, el barco de segunda línea de batalla francés “Brillant”, construido en enero de 1690 en Le Havre.


Moulinsart está diseñado como un lugar para descansar y toma su nombre de un pequeño pueblo belga: Sartmoulin. Para la arquitectura de la mansión, Hergé se inspiró en Cheverny, pero eliminando ambas alas laterales, para hacerla más hogareña y confortable.
Para finalizar el periodo bajo dominación alemana, Hergé afrontará una última aventura publicada en forma de strip en “Le Soir” iniciándola el 16 de diciembre de 1943: “Las siete bolas de cristal”. Esta aventura comienza con una serie de advertencias, a las que siguen unos enigmáticos atentados en los que las víctimas se sumergen en un profundo letargo. El misterio está en su apogeo cuando la acción se traslada a la villa del profesor Bergamotte. Para conseguir el ambiente que necesitaba en su historia, Hergé estuvo mucho tiempo buscando un referente arquitectónico que lo inspirase. Un día, su colaborador, Edgar Pierre Jacobs, encontró una casa que reunía las características buscadas por Hergé. Los dos amigos hicieron un boceto bastante preciso. Cuando terminaron su trabajo, vieron llegar al edificio unos coches grises: La casa fue requisada por la SS para las tropas de ocupación.

Hergé, además, fue tachado de colaborador y, aunque no fue sometido a juicio y tan sólo estuvo una noche en la cárcel, fue repudiado por su país, pasando a formar parte de la lista negra de personas non gratas. Pero, gracias a la llegada del color a los álbumes publicados, las aventuras de Tintín comienzan a traspasar las fronteras de Bélgica.
En 1946, un antiguo miembro de la resistencia, Raimond Leblanc, crea un semanario para jóvenes llamado Tintín, y es aquí donde por fín se publica El Templo del Sol, la historia que Hergé no pudo acabar dos años antes en el periódico Le Soir.
De hecho, la primera página de la nueva aventura forma parte hoy día del final de “Las Siete Bolas de Cristal”, ya que Hergé decidió continuar la historia en el punto en que fue interrumpida dos años atrás.

Primera página de «El templo del sol» en su edición de 1946

Décimotercera plancha de «El templo del Sol», correspondiente a la última página de la actual edición de «Las siete bolas de cristal» y primera del mencionado álbum


Al igual que sucedió con “El Templo del Sol”, el “El país del Oro Negro“, también hay que prescindir de ciertas viñetas que no aportan nada al conjunto de la trama, a la hora de editar el álbum actual.



Abdallah – Fayçal II de Irak
La década de los cincuenta
Los años van pasando y nos adentramos en la década de los cincuenta. La sociedad va cambiando, y con ella los valores y las personas a quienes admirar. Los reporteros van dejando paso en este terreno a los científicos. Invenciones modernas como el batiscafo o los aviones con propulsión a chorro son la fuente de fascinación de los ciudadanos industrializados. Esta admiración, unida a la emergente pasión del público por la literatura de ciencia ficción (tanto en libros como en cómics), hace que Hergé comience su nuevo proyecto para Tintín apuntando a nuestro querido satélite: La Luna.
Pero, a diferencia de otro tipo de escritos y siguiendo fiel a su modus operandi, Hergé decide documentarse muy seriamente para realizar la historia, hasta tal punto de realizar una maqueta del cohete que llevará al reportero y a sus amigos al astro nocturno. Para todo este proyecto cuenta con el asesoramiento científico de Alexandre Ananoff y Bernard Heuvelmans, autores de ‘La astronáutica’ y ‘El hombre entre las estrellas’ respectivamente.
Los lectores de la revista “Tintín” son mantenidos en vilo, semana a semana, viendo como evoluciona la aventura, la cual llega a su final cinco años antes de que el primer satélite ruso, «Sputnik», realizase su vuelo.
Ésta es la verdadera relevancia de las dos aventuras: el ser un relato apasionante a la vez que fidedigno a la realidad, pero que adelantó a rusos y a americanos en la conquista del espacio. Podríamos decir que Hergé se superó a sí mismo y entró en el olimpo de los escritores universales al crear una ficción que terminaría convirtiéndose en realidad, al más puro estilo de Julio Verne.
Los datos de ingravidez lunar, el hallazgo de hielo en el satélite, los pormenores técnicos del cohete… son datos que hoy no sorprenden a ningún lector, pero que en los años de edición eran pura fantasía revestida de realidad. Sin embargo, la ciencia terminaría por demostrar lo que Hergé desarrolló en esta historieta.
De hecho, el propio autor le dedicó este dibujo a Neil Armstrong, a su vuelta del viaje a la Luna (como muestra de haberle precedido):


«Cuando leáis estas líneas ya no estaré vivo. Es inútil que me busquéis, habré desaparecido para siempre en la inmensidad del espacio. Con mi partida, espero que tengáis suficiente oxigeno para llegar a la tierra. Adiós, y perdonadme el mal que os he causado». Wolff.
Una nota cruda, de un ser arrepentido que con su sacrificio intenta devolver algo de bien al mal causado. Sin embargo este texto fue entendido por una parte de la sociedad como un alegato de suicidio, el cual podía influir de forma negativa en la mentalidad los lectores más jóvenes. Por lo que se modificó, quedando la nota rectificada en los álbumes posteriores de esta forma:
«Cuando leáis estas líneas ya no estaré en el cohete. Con mi partida, espero que tengáis suficiente oxigeno para sobrevivir hasta la llegada a la tierra. En cuanto a mí, tal vez un milagro me permita salvarme también. Perdonadme el mal que os he causado».
Un mensaje bastante irreal, menos crudo y desgarrador que el original. Toda esta presión social, sumada al gran esfuerzo de documentación, hicieron caer a Hergé en una depresión que le hizo frenar su obra, y cambiar el rumbo de algunos personajes.

En esta aventura, con la Guerra Fría como telón de fondo, Hergé expone una visión más oscura de la ciencia. Tornasol inventa una máquina de ultrasonidos, la cual es ambicionada por una potencia europea de tintes estalinistas para ser usada como instrumento de destrucción. Al final, Tornasol optará por destruir los planos y renegar del invento. Desde ese momento, Silvestre volverá sus atenciones a cachivaches de andar por casa y a otras ciencias más mundanas, como la jardinería.
Hergé vuelve a utilizar a sus países imaginarios (Borduria y Sildavia) para retratar el ambiente de la guerra fría y la carrera armamentística. Pleksy-Gladz es la representación de Stalin. Pero también es la irrupción de un nuevo secundario que será más que un dolor de muelas para Haddock: Serafín Latón. Este personaje es una crítica del autor a la televisión basura (que ya existía en esos primeros años) y al espectador complaciente, consumidor y fiel creyente de todo lo que la pequeña pantalla emite. Charlatán sin fín que no se preocupa más que de escucharse a sí mismo, será el causante de más de una situación tronchante en el entorno de Moulinsart.
La mentalidad de Hergé ha evolucionado desde sus comienzos, alejándose del catolicismo extremo de sus inicios y acercándose más al humanismo. De ahí el retrato contínuo de estereotipos de su sociedad belga, además de profundizar más en las motivaciones de cada personaje creado.

No obstante, también tuvieron que tamizarse ciertos textos que, según la editorial, tenían consonancias racistas. Hergé no podía bajar la guardia ni un instante, ya que la repercusión y difusión internacional de sus historias trascendía muchas culturas y personas.
Además, a principios de 1958, Hergé tenía problemas matrimoniales con su esposa, Germaine Kieckens, debido a su relación con la joven Fanny Vlaminck, que acababa de incorporarse a los Estudios. Todo esto le lleva al diván del psiquiatra, el cual le aconseja que abandone su trabajo. 
Esta historia representó para George Remí un recuperar el aliento. Una historia de valores, sin más pretensiones que las de exponer sentimientos crudos y hasta donde nos pueden llevar nuestras lealtades y motivaciones. El empeño de Tintín en buscar a su amigo Tchang, al que todos dan por muerto, y el afán de superación en todas las adversidades que salen al encuentro en esa misión era un reflejo de la propia lucha interna de Hergé, el hecho de luchar por algo, aunque todo y todos te indiquen que es imposible. En palabras de Hergé: «Sin malos, sin armas, sin combates, excepto el del hombre contra sí mismo y contra los elementos hostiles. Todo esto es un paisaje de alta montaña, de nieve y hielo, que significa, simbólicamente, la búsqueda de un ideal, de una cierta pureza».
En el terreno anecdótico, el nombre de la empresa de aerolineas en la que supuestamente sucede el accidente tuvo que ser cambiado, ya que Hergé utilizó el nombre de “Indian Airways”, recibiendo de éstos una denuncia, por lo que fue sustituido por el de «Sari-Airways», conllevando la modificación oportuna del logo del timón del avión en versiones posteriores.

Viñeta original con el logo de la aerolíneas y viñeta posterior, con otro logo
El libro estuvo prohibido en China durante años al negarse la Fundación Hergé a cambiarle el título por el de “Tintín en la China del Tíbet“, y ello ocasionó que durante los años 80 circularan por China miles de copias piratas. En 2001, el editor chino de las aventuras de Tintín (Children’s Publishing House) lo lanzó con el título “Tintín en el Tíbet chino”, lo que provocó que la editorial Casterman junto con la viuda de Hergé iniciaran una batalla legal que finalizó en 2002 con la rectificación del editor y la publicación en China del libro con su título original.

Los años 60: la madurez creativa de Tintín

En cuanto a los divertidos errores telefónicos, es cierto que existían un marmolista Boullú y cerca de Bruselas, en Boitsfort, una carnicería Sanzot, a la que tantas veces terminaba llamando Haddock. Curiosamente, y arriesgándose a una nueva denuncia, Hergé introdujo la revista París-Flash (en una clara alusión a París-Match). Pero lejos de enfadarse, los directivos de la publicación le comunicaron al dibujante que les hacía mucha gracia participar de esa forma en la historia.
Sin embargo, la tónica volvió a cambiar en el siguiente álbum, y Hergé retoma elementos sobrenaturales, arqueológicos y de su propia cosecha para narrar el último encuentro entre los dos rivales, Tintín y Rastapopoulos. El villano quiere hacerse con la fortuna de un millonario al que rapta, y el destino hace que Tintín esté acogido por dicho personaje en el momento de la acción.

Lazlo Carreidas y Marcel Dassault
Pero la figura de Carreidas es un tanto paradójica. No se puede definir dentro de los parámetros “bueno-malo” habituales en el mundo del cómic. Es un personaje peculiar, por momentos imperativo, implacable y ambicioso (como corresponde a su nivel) y por momentos un pobre hombrecillo víctima de su propia hipocondría y excentricismo, además de un tramposo redomado, el cual destila la idea de que no ha adquirido su fortuna sólo gracias a trabajar (de hecho, cuando el suero de la verdad actúa sobre él, se jacta de todas sus fechorías).

Jacques Bergier / Mik Ezdaditoff
Aquí podemos apreciar la fascinación de Hergé por el mundo paranormal. Incluso hay varias referencias a los extraterrestres en relación a la arqueología de la isla (asemejando cascos de cosmonautas con efigies de naturaleza maya o azteca) e incluyendo la presencia de un platillo volante, del que nadie verá a sus ocupantes. Tan sólo la pieza de metal desconocido en el bolsillo de Tornasol quedará como testigo de una aventura, velada y borrada de sus memorias.
El periodista que aparece realizando la entrevista final es un lector de Talence (Gironde) que se llamaba Jean Tauré, quien solicitó a Hergé que le dibujara para una aventura; su demanda fue atendida y tuvo el privilegio de estrechar la mano del Capitán Haddock.
Los últimos años de Tintín
Y llegamos al último álbum completado por el autor, “Tintín y los Pícaros” (1976).

Las inspiraciones para la trama bailan entre dos acontecimientos: el asunto de Régis Debray y los Tupamaros, ocurrido en Uruguay y la Nicaragua de la familia Somoza. No obstante, la aventura discurre en un ambiente divertido, tratando de reflejar la situación turbulenta de los países sudamericanos, representados en los personajes creados en “La Oreja Rota”: Los generales Alcázar y Tapioca.
En este álbum, Tintín viste vaqueros (en lugar de sus eternos pantalones bombachos), conduce una moto, lleva un casco con el símbolo de la paz, hacer yoga y se opone tenazmente al derramamiento de sangre, induciendo a Alcázar a un golpe de estado pacífico. Pero este giro humanista a las tendencias modernas de esa época no impide al Hergé maduro ser consciente del poder de la política y de lo vacío de las promesas de los grandes dirigentes de los países, idea perfectamente retratada en estas dos viñetas, en una de ellas Tintín llega en vuelo a la ciudad sudamericana ficticia (San Theodoros) y en la otra (al final del episodio) vuelve a Moulinsart:

Incluso los personajes secundarios tienen tintes grotescos. Por ejemplo Peggy, la Señora de Alcázar, estuvo inspirada por una horrible mujer norteamericana vinculada al Ku-Klux-Klan que Hergé vió en televisión.
En agosto de 1978, varios meses después del final de «Tintín y los Pícaros», Hergé estaba pensando en una nueva aventura. Quería que la temática gira en torno al arte moderno, una de sus pasiones. Al final de 1979 descubre que sufre anemia, lo que le imposibilita un trabajo continuo en el nuevo álbum.
El 3 de marzo de 1983 el creador de Tintín nos deja. La historia que había comenzado era sólo un esbozo y se necesitaba mucho trabajo para terminarla y darle el aspecto de otras aventuras. Algunos empleados de Hergé quería terminar lo que podría haber sido la aventura número 24 de la serie. Sin embargo, Hergé siempre se había negado a que los demás creasen nuevas aventuras de Tintín.

En cuanto a la trama comienza con el capitán Haddock (asesorado por Bianca Castafiore) comprando una obra de Ramo Nash, creador de “Arte-Alfa”, una H de plexiglás. Poco después, el dueño de la galería, el Sr. Foucart, es misteriosamente asesinado. Tintín inicia una investigación y pronto descubre un contrabando de pinturas falsas estrechamente ligado con una extraña secta a la que se unió la Castafiore.

Tras el estreno del filme se realizó una adaptación al cómic, usando como viñetas fotogramas de la película y añadiendo globos de diálogo procedentes del guion. Se trata de dibujos realizados por los estudios Hergé para el álbum, concretamente por Bob de Moor. En éstos se aprecia un parecido mucho mayor con los comics de Tintín (y especialmente con Tintín y los Pícaros, lo cual no es extraño dado el peso que tuvo de Moor en el dibujo de este último álbum). Y es por ello que se incluye dentro de la colección. Además, existió una versión del comic distinta de la del álbum, que se publicó, en blanco y negro, en tiras de prensa dentro del diario Le Soir en diciembre de 1972 y enero de 1973. (Más tarde apareció también en France Soir).

El único dato escrito que aparece en esta publicación es “Tirage limité à 4500 exemplaires“. Según algunas fuentes, el comic en blanco y negro no ha conocido versión en álbum, ni siquiera pirata. Sin embargo, en el blog de Bob de Moor habla de una versión en blanco y negro y parece entenderse que las imágenes que muestra corresponden a un álbum de tirada limitada. La firma no es “Studios Hergé“, sino que lo firman Bob de Moor y Greg.
Espero que toda esta información sobre autor y personaje haya sido de vuestro agrado. Tan sólo me queda invitaros a que conozcáis de primera mano esta obra atemporal, divertida y amena para cualquier público. Tintín seguirá con nosotros para siempre.

“El siglo de Tintín”. Documental TV. Benoit Peeters y Pierre Steckx
http://www.bellier.org/indexsuite.htm
http://www.free-tintin.net/espanol/
http://www.publispain.com/tintin/curiosidades.htm
http://www.elpais.com/articulo/internacional/JORDANIA/REINO_UNIDO/Ha/muerto/militar/ingles/Glubb/Pacha/ex/jefe/Legion/Arabe/Jordania/elpepiint/19860318elpepiint_22/Tes
http://books.google.es/books?id=6OUtMsEUW8QC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
http://stratonefh22.blogspot.com
http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A9on_Degrelle
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