La industria del cómic hasta 1930 (I)

Para analizar lo que rodea a la creación del cómic como obra de arte podemos traer el esquema piramidal que, durante siglos, prevalece en la Historia del Arte. Nos referimos a un esquema triangular formado por el artista, el público y el periódico en sus vértices, enmarcando, a su vez, la obra en sí. Esta estructura mantendrá relaciones bilaterales, permanentes hasta su primera metamorfosis, alrededor de 1915. El periódico, como producto de consumo masivo y dependiente de un mercado en el que sobrevivir, recibe las, llamémoslas así, «inquietudes» del público, asimilándolas. Este proceso de asimilación requiere la intervención del otro factor, el factor creativo, es decir, el artista. Este recibe las pautas de información dadas devolviéndolas «depuradas», en forma de praxis, retornando al público en forma de producto para el consumo a través del mercado. El artista, por tanto, recibirá su renta profesional con el periódico y el reflejo individual ante la sociedad, cerrándose la figura.

En el último tercio del siglo XIX se venían produciendo dos factores importantes, el primero era el florecimiento de los periódicos ilustrados, que incorporaban caricaturas, y el segundo, los numerosos periódicos humorísticos (196 títulos entre 1800 y 1900) a los que se fueron introduciendo ilustraciones de autores como Richard F. Outcault, Jammes Swinnerton o Frederick Burr Opper. Un paso más sería dado el 18 de Noviembre de 1894, R.F. Outcault crea para el «New York World» una abigarrada viñeta (No será publicada hasta el 7 de Julio de 1895) que describía gráficamente las incidencias picarescas y los acontecimientos del barrio de Hogan’s Alley en New York, con un personaje principal infantil, calvo y orejudo, vestido con un largo camisón de color amarillo. Ya en 1896, se le conocerá con el nombre de Yellow Kid.

El éxito masivo de estas viñetas y fruto de la competencia del mercado, el 18 de Octubre de 1896, el dueño del New York Journal, W.R. Hearst contrata a Outcault, publicando un suplemento mensual de ocho páginas en color bajo el nombre de «The American Humorist». Pulitzer, propietario del N.Y. World, reacciona y contrata a G. Luks para que continúe dibujando con el mismo estilo. Yellow Kid muestra la permanencia de un mismo protagonista y de un estilo a pesar de los cambios de dibujante. Un año después, Outcault abandona a Hearst y marcha al New York Herald creando «Li’! Mose» (1901) y «Buster Brown y su bulldog Tige» (1902). La reacción del JournaI no se hace esperar e incorpora nuevos dibujantes que explotasen el género, nacen «Katzenjammer Kíds» de Rudolph Dirks (1897), «Little tiger» y «Litt!e .Jímmy» de Swinnerton (1897) y en 1899, «Las andanzas de Happy HolIigan» de Frederick Burr Opper.

El cómic evoluciona, como hemos visto, fruto de la rivalidad periodística. Debido a ello, había condicionado las posibilidades estéticas del creador al tener que centrarse en el formato de la página dominical (alrededor de cuatro páginas en color) que podía abarcar toda la superficie o media página. Los cómics se convierten en un medio de expresión enfocado hacia los compradores de los diarios incorporando un carga ideológica y estética siendo, a su vez, un pasatiempo ideal para las vastas capas de emigrantes que dominaban mal el inglés y no leían libros.