“Obras son amores”
Guión y Dibujo: Sergio Aragonés.
Editorial Planeta DeAgostini. 2002

Hace uno años Planeta nos sorprendió con la publicación de una selección de la obra de Sergio Aragonés desconocida hasta la fecha, la de humorista gráfico. En esta obra, llamada, “Silencio a gritos”, el autor catalán realizaba tiras cómicas, en blanco y negro, en las cuales no se pronunciaba ninguna palabra, eran, por tanto, mudas. Esta formula, tan común en nuestro país gracias a la prensa gráfica, suponía la existencia de humor gráfico más allá de Quino, Mingote, Ángel y Guillermo o Ricardo y Nacho, y además proveniente del cómic mas “comercial”, el americano, y encima de nacionalidad hispana.

Sin embargo, esta obra pasó desapercibida para el gran público, quedando ligada a las estanterías de las librerías especializadas. Poco después llegó la segunda edición, “Obras son amores”, en la que Aragonés recopila las tiras realizadas en el primer semestre del año 2001. Esta segunda obra nos muestra todas aquellas virtudes y defectos que asomaron en el primer tomo. Por una parte, tenemos un humor blanco, amable, sin dobles interpretaciones que limitan, la mayoría de las secuencias, al gag o al chiste gracioso. Esta falta de mala intención es lo que le imposibilita equipararse a los grandes del humor gráfico. En cuanto al aspecto gráfico, destacar las características esenciales de su estilo, gusto por el detalle, por las grandes masas, por una línea precisa, alejada de emborronamientos, que sabe plasmar con eficiencia lo que quiere contar. Por contra, la ausencia de color le juega una mala pasada, su estilo, se encuentra muy ligado al color en cuanto en cuanto es el que le permite la diferenciación o jerarquías en las escenas, lo importante de lo que no lo es. En varias tiras, su gusto por el detalle y la no utilización de trazos de diferente matiz confunden el seguimiento rápido, visual y armónico que caracterizan este género de la historieta.

En conclusión, nos encontramos ante una obra amable, continuación, a la baja, de su “Silencio a gritos” muy trabajada técnicamente pero con defectos que la catalogan como una lectura más de género, eso sí, una lectura de la que la sonrisa no desaparecerá de nuestro rostro a lo largo del volumen.