La Edad de Oro de los cómics se sitúa a principios de los años 30, la depresión americana trajo consigo la pobreza y las ganas de escapar de aquella realidad, que encontró su mejor aliado en los cómics que devoraban los jóvenes del momento. Con Superman como figura fundacional, los personajes heroicos hacían olvidar las penurias de la época. Pero iniciada la década de los 40 los problemas eran otros, la Segunda Guerra Mundial demostraba una vez más que la barbarie humana no tiene límites y las consecuencias de un auge del nazismo se preveían catastróficas. EEUU sabía que tarde o temprano tendría que tomar partida en esta guerra global.

Una vez más el mundo del cómic se adelantaba a su tiempo. El patriotismo que imperaba en territorio americano necesitaba concretarse en un símbolo que adorar, en un icono de la libertad y fraternidad que tanto defienden los más fieles idearios del sistema norteamericano. Y allí estaba Jack Kirby para hacer sus sueños realidad a través de sus inigualables lápices, fue entonces cuando surgió el Capitán América, con su traje de barras y estrellas conjuntado con su irrompible escudo. Estaba claro que el álter ego de tan ilustre héroe tenía que ser un combatiente del ejército americano, y así fue, ya que un enclenque soldado llamado Steve Rogers fue el elegido para probar un suero que le otorgó una súper fuerza, y claro, como todos sabemos una súper fuerza conlleva una súper responsabilidad. Desde aquel 1 de marzo de 1941, fecha del lanzamiento de Captain America Comics #1, el héroe patriótico por excelencia sería el impoluto Capitán América, quien en su primera portada le dedicaba un puñetazo al mismísimo Hitler. Todavía EEUU no se había decantado por combatir a los nazis, pero el “capi” siempre fue un adelantado.

Portada Capitán América 1

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