“He venido a Hollywood y me he tropezado con tres grandes surrealistas americanos: los hermanos Marx, Cecil B. DeMille y Walt Disney” escribía Dalí a su amigo André Breton en 1937. Ocho años despues, en 1945, cuando éste trabajaba con Alfred Hitchcock en la adaptación de The House of Dr. Edwards, Walt Disney contrata a Salvador Dalí para la realización de un trabajo juntos. El corto cinematográfico denominado Destino, el cual estaría incluido en una antologia llamada Make Mine Music. Este cortometraje queda sin concluir debido a los problemas económicos de la compañia tras la Segunda Guerra Mundial y a su cáracter poco comercial del proyecto.

Según los informes de David D’Arcy, Walt Disney lamentó posteriormente esa decisión. En 2003, tras ser rescatado de los “sotanos de la Disney”, su sobrino Roy Disney, que ahora dirige la división de la animación de la compañía y el productor de Dinosaurio Baker Bloodworth, decidieron restablecer el proyecto al contar con el guión original, los “story boards” y el tema musical original. Destino es una película del seis minutos dirigida por Dominique Monfrey, “se inspira en una melodía del mexicano Armando Domínguez, que sirvió a Walt Disney para imaginar el argumento musical del corto. Partiendo de la composición de Domínguez, con una letra escrita por Ray Gilbert e interpretada por Dora Luz, el productor aspiraba a la creación de una especie de poema amoroso audiovisual” (Vivianne Loría “Dalí redivivo” LAPIZ Revista Internacional de Arte nº 205 , julio 2004), desprovista de diálogo y sin una historia definida.

Disney lo definió como “una sencilla historia de amor, donde el chico encuentra a la chica”, pero éste es un “relato cuya narratividad es forzada a encajar en los símbolos ya anecdóticos de la iconografía daliniana, es, como compete a la psicología de la animación Disney, simple y directo. Se trata del amor, y se desarrolla como una danza interpretada por una figura femenina surgida de la arena de un paraje desolado del más reconocible estilo Dalí. La mujer, con el aspecto adolescente y los grandes ojos propios de las heroínas de la Disney, se desliza etérea vestida con un traje vaporoso y romántico. Una gran pirámide de piedra en medio del extraño desierto muestra un altorrelieve, una figura masculina sin rostro apoyada en un reloj. La danza de la mujer le incita. Ella ve desvanecerse lo que parece una escultura, un retrato masculino, quizás la encarnación de un sueño romántico. Entonces sube a una torre que alberga extraños ojos con esmoquin y su vestido se enreda y se desliza dejándola desnuda, al tiempo que se acurruca en una caracola. La figura de piedra lucha por liberarse de las cadenas del inexorable paso del tiempo, simbolizado en el reloj y la piedra… La vida y el amor sometidos a la estricta condición efímera de lo humano. Ella se funde en la sombra solitaria de una campana, apropiándosela como si fuese un vestido. Él y ella se buscan, pero no logran encontrarse, separados por la piedra, por el desierto, por el desvanecimiento o por el crecimiento agresivo de una arquitectura fantasmal a su alrededor. La figura liberada de la piedra, las hormigas en su mano que se convierten en ciclistas con un pan en la cabeza, la transformación de la escultura en beisbolista, son mutaciones que responden a la paralela metamorfosis de la mujer, tan pronto transformada en diente de león cuya cabeza se desgaja, como en campana. Dos grotescas testas de cuellos desgarrados son transportadas por enormes tortugas sobre sus caparazones en la única secuencia original rodada en la época en que se planteó el proyecto. Al encontrarse en el horizonte, el espacio entre las cabezas dibuja la figura de la campana a modo de bailarina, coronada por una pelota que descansa a lo lejos, en el paisaje. La pelota del beisbolista es la cabeza de la mujer… Pero cualquier movimiento es más confuso que el anterior, y el acercamiento se frustra. Y la aventura solo sirve para que todo acabe más o menos como al principio. El hombre de piedra, y la mujer como una campana, perdidos ambos en un desierto desolador”. (Vivianne Loría)

John Hench (1908-2004) designado por Disney en aquel entonces como director del proyecto original, se encargó de supervisar el corto de seis minutos que contiene 150 bocetos, dibujos y pinturas realizados por Dalí durante ocho meses, entre los que destacan íconos del pintor como los relojes fundidos y la torre de babel, entre otros.

Una versión terminada se estrenó en el Festival Internacional de Annecy y recorrió diferentes festivales alrededor del mundo antes de su nominación al Oscar en 2003, (fué vencido por el corto Harvie Krumpet, de Adam Elliot). Observen: