El novelista y profesor David Morrell encontró en las vivencias de sus alumnos que habían vuelto de la guerra de Vietnam el caldo de cultivo necesario para su obra First Blood (1972) , que a la postre sería su título más famoso en gran parte debido a que fue el origen del personaje cinematográfico de Rambo. Desde que el film Acorralado viese la luz allá por el año 1982, en plena eferversencia de acción ochentera, la imagen del inadaptado excombatiente potenciada por el vigoroso Stallone es ya un clásico el cine. Da la casualidad que en los adorados 80 el mundo del ocio electrónico doméstico daba sus primeros pasos, los ordenadores empezaban a formar parte de las habitaciones de los adolescente de la época quienes soñaban con protagonizar en aventuras pixeladas las historias que ya habían disfrutado en el cine. Los productores del momento vieron un filón económico y no dudaron en ceder los derechos de los films más taquilleros a las desarrolladoras de videojuegos que estuvieran dispuestas a desembolsar una cantidad reseñable.

A pesar de que Acorralado no tuvo su adaptación al videojuego, el exitazo de la segunda película de la franquicia, titulada Rambo, sí que desató la fiebre de los más jugones. Y así fue como varias compañías se lanzaron a loa adaptación de la película al videojuego, una de ellas es la japonesa Pack-in-video, que no podemos decir que fuese precisamente fiel a la obra original. La explicación la tenemos en que la desarrolladora japonesa encontró en la compra de derechos de películas de éxito una manera de acceder al mercado americano, aunque los videojuegos resultantes no fueran especialmente fieles con la materia prima original.

Caso diferente fue el de la compañía Angelsoft, especializada en las aventuras conversacionales que tan de moda estaban por aquellos años. La empresa con sede en Nueva York, lanzó un total de ocho vidoejuegos de “ficción interactiva” entre los que se encontraba Rambo – First Blood Part II. Como no podía ser de otra manera, tomábamos el protagonismo en la piel de Rambo y nuestra tarea era la de rescatar prisioneros de guerra atrapados en un campo vietnamita. A pesar de que en un primer momento no parece el género más adecuado para trasladar una película de acción, la aventura conversacional cumplió con creces pasando a la historia como un título más que curioso.



Qué mejor homenaje a nuestro excombatiente que hacerle un hueco en nuestra habitación en un exclusivo cuadro.