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Continue Play? Historia de las máquinas recreativas españolas.

Aquellos maravillosos años ochenta de los blockbuster de cine y la edad de oro de los videojuegos domésticos son añorados hoy en día gracias a publicaciones de editoriales como la de los chicos de Héroes de papel, creadores de cápsulas del tiempo en forma de libros muy trabajados y que nos llevan de viaje (sin DeLorean de por medio) a la ya lejana década donde nuestro ocio se medía en monedas de cinco duros. Nuestro país, a pesar de sus grandes limitaciones presupuestarias y técnicas, puso enorme ilusión en desarrollar videojuegos creados en oscuros garajes y casi siempre con una mínima estructura empresarial. Por ello es todavía mayor el meriotorio éxito de títulos de ocho bits que cruzaron nuestras fronteras forjando así la leyenda de la edad del Oro del Software español. Esta parte de nuesta historia fue relatada fielmente en la obra “Génesis: guía esencial de los videojuegos españoles de ocho bits” de José Manuel Fernández “Spidey” y Jesús Relinque Pérez “Pedja”.

 

Ahora, el mismo tándem de autores vuelve a presentarnos un nuevo trabajo: “Continue Play? Historia de las máquinas recreativas españolas” que rinde merecido homenaje a los solitarios emprendedores ochenteros de nuestro país que se hicieron un hueco en el mercado de las recreativas arcade. Oh Sopresa!! Efectivamente en España hubo un negocio de máquinas arcade que rivalizaron con los mismísimos japonenes, y de hecho productos de empresas como Gaelco triunfaron en ferias americanas donde la lucha por los derechos de representación de sus juegos era peleada por las mayor del momento. Este libro, indispensable para aquellos fans del mundo arcade, elabora una línea de tiempo desde que Alejandro Finisterre (cuya vida da para una película) inventase el futbolín hasta que ya entrado el siglo XXI la empresa nacional de arcades recreativas diese sus últimos coletazos. Durante este viaje a la nostalgia seremos testigos de cómo se originó el primer “continue play?” de los arcades (fruto de la mente de ingenieros españoles que buscaban una manera de testar los juegos que caían en sus manos), o de curiosas historias de muebles malditos que nunca vieron la luz, o incluso de innovaciones técnicas que más tarde se copiarían hasta la saciedad. En una jungla incontrolada de títulos de toda índole, la piratería nacional e internacional era continua, y lo mismo nos encontramos a Goku en un tal Thunder Hoop o al señero juego Vigilante en forma de arcade protagonizado por piratas titulado Buccaneers. Todo valía y cualquier “inspiración” era válida.

La llegada de las consolas domésticas, sobre todo las de 32 bits con la PlayStation a la cabeza, rezaban el lema de “llévate un arcade a casa”, y así fue como los recreativos se vaciaron, y los chavales de la época pasaron a jugar en sus mundos preferidos dentro de sus confortables casas. Pero los coleccionistas y aficionados están ahí, identificados en foros y en asociaciones, han sabido guardar y conservar esos muebles que eran unas puertas a la aventura y la acción. Gracias a ellos, a la tremenda labor de los autores y las editoriales que apuestan por este tipo de contenido, tenemos la suerte de poder leer en “Continue Play? Historia de las máquinas recreativas españolas”, una historia de proezas , desengaños y pasión. Imprescindible.

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