Todos conocemos los problemillas que el archiconocido Sheldon Cooper tiene con las convenciones sociales y por ende con las relaciones “interhumanas”. Podemos pensar que un bicho raro como él ha forjado esa manera de pensar y vivir a lo largo de los años y que de un niño algo especial, el tiempo ha hecho un verdadero espécimen antisocial e inadaptado. Pero no, la serie esqueje de “The Big Bang Theory”, “El Joven Sheldon”, nos aclara que nuestro inadaptado social lo fue desde siempre. Desde que nació prácticamente.

Si nos limitamos a la serie de humor, está claro que su falta de tacto, su descaro y su incapacidad para navegar en el rio de lo social junto a su entorno, hacen de él un personaje hilarante para el espectador. Es evidente que tan sólo para el espectador ya que una persona con esta peculiar forma de relacionarse desde luego graciosa y tierna no resulta para aquel que tiene que convivir con él día a día, en esta nuestra sociedad actual.
Pero…vayamos más allá.

¿De verdad es tan descabellada la manera de pensar y actuar de Sheldon? Desde luego poco común es, pero no por ser poco común, algo tiene que ser malo.

Las convenciones sociales en su mayoría atienden a un fondo cínico y demagogo. Mentimos por defecto, en ocasiones para mantener un estatus social que ya es falso desde el principio. Y es que las verdades duelen, cuando no deberían doler en absoluto si están dichas de buena fé. Mentimos incluso cuando no es ni necesario. La mayoría del convencionalismo social se da curiosamente en los círculos de confianza, donde deberíamos estar más relajados y ser más sinceros.
Además, dejando al lado el cinismo, la demagogia en temas socialmente escabrosos nos hace comportarnos de una manera completamente falsa y ridícula, hablado de temas sencillos y cotidianos como la raza, sexo, religión, política, etc…con el freno de mano echado. Tratando estos temas y muchos otros que me dejo en el tintero, de buena fe y llamando a las cosas por su nombre, nadie se debería ofender y creo que todo estaría más claro, evitaríamos malos entendidos y también nadar en ambigüedades. La ambigüedad es el caldo de cultivo de los demagogos malintencionados que aprovechan todos los resquicios posibles para hacer daño.

Sheldon no entiende que algo que sea cierto y se diga sin ánimo de ofensa pueda ser malo. No entiende que algo que no se quiera hacer y no sea perjudicial en grado importante para los demás haya que hacerlo, no entiende que alguien, como pasa mucho en España, se ofenda porque no le inviten a una boda cuando está deseando no ir y encima lo publique a los cuatro vientos.

Autor: Enrique