Los Muertos Vivientes, la serie de televisión de Frank Darabont (Cadena Perpetua, La Milla Verde) basada en los celebrados comics escritos por Robert Kirkman, ha sido, probablemente, la más esperada de los últimos tiempos. El capítulo final de la primera temporada fue emitido el pasado domingo en Estados Unidos y lo tendremos mañana viernes en nuestras pantallas. El balance, con sus luces y sus sombras, es altamente positivo. Ojito, a partir de abajo puede que haya algunos spoilers para los más despistados.

Se ha criticado la elección de Andrew Lincoln (Love Actually) para encarnar a Rick Grimes, el protagonista. Lincoln, sin embargo, ha sabido llevar adelante su papel con brillantez, llenando de matices la evolución del personaje desde un primer momento como desorientado hombre medio hasta su status presente como rocoso líder capaz de tomar decisiones y hacer lo necesario para sacar adelante al grupo. Lincoln no es sólo un buen actor, sino que a partir de ya es Rick en la televisión, no podría ser otro.

Algunos fans se quejan de que la serie televisiva se aparte en bastantes momentos del cómic. Piden mayor velocidad en el desarrollo de la trama y la desaparición de algunos personajes. Básicamente la facción más hardcore está esperando la muerte de Shane como hizo Kirkman en su momento. El personaje ha ido cambiando, mostrando un lado oscuro y parece que va a permanecer en la serie durante bastante tiempo. También ha sido polarizada la respuesta ante la inclusión de nuevos personajes como Merle, quien ha disparado las hipótesis al mostrar el guiño de la mano cortada, que tantas sugerencias traen a los que saben de qué va la cosa.

La última alarma se centra en la llegada del grupo al Centro de Control de Epidemias, que parece apuntar a uno de los fundamentos del comic. ¿Se desvelará el origen de los zombies cuando está claro que eso no es lo realmente importante en esta historia? A este respecto, el último capítulo resulta una experiencia profunda, totalmente novedosa, que se cierra sin un solo cliffhanger y aún así emocionantísima. Una muy valiosa aportación al mundo de Los Muertos Vivientes acertadamente despedida a los compases de Tomorrow Is a Long Time de Bob Dylan, mención especial sea hecha a la excelente elección de canciones populares que acompañan a cada episodio.

Hemos de tener en cuenta que Kirkman no se permitió en su momento explorar algunos hilos y profundizar en caracteres en el apresurado primer arco argumental del cómic porque aún no sabía si su obra iba a seguir adelante. Ahora la serie de televisión cuenta con este espacio y, lo que no es en absoluto despreciable, augura unas cuantas sorpresas para aquellos que conocían la historia. Los que hemos seguido el cómic, aún conociendo las líneas generales, tenemos una buena dosis de intriga en cada nueva entrega, lo que es de agradecer. Los Muertos Vivientes ha sido una revelación televisiva, lo mejor del año y absolutamente imprescindible.

El éxito absoluto ha propiciado una segunda temporada con doce capítulos, pero tendremos que esperar hasta finales del año que viene. Darabont quiere tomarse su tiempo y seguir haciendo las cosas igual de bien que hasta ahora. En el futuro el grupo seguirá adelante en su lucha por la superviviencia evolucionando como personas y en sus relaciones entre sí. Una serie que no escatima a la hora de mostrar el lado más salvaje de la historia escrita por Kirkman, en secuencias de un atrevimiento sin precedentes en la pequeña pantalla. A la vuelta de la esquina tal vez estén momentos cumbres como la granja de Hershel, la llegada a la cárcel, Michonne, Tyreese y el Gobernador. O tal vez no. Pero estamos asistiendo a la creación de historia de la televisión. Y de la buena.