La primera palabra que surge tras la visualización de este film es, simplemente, cotidianidad. Esta película realizada en 1974 se presenta como una expresión del deseo de diferencia que invadió la vanguardia artística a lo largo de los años ´60, conocida, posteriormente como Escuela de Nueva York.

“Una mujer bajo la influencia”, dirigida por John Cassavetes, plantea el conflicto dramático de una rígida sociedad constituida por medio de roles en la cual no tiene cabida cualquier elemento diferente a éstos. Para ello, el director utiliza un factor potenciador: la relación humana de pareja, rota por el personaje femenino interpretado por Gena Rowlands. Mabel se presenta como un personaje enfermo, maniaco-depresivo de naturaleza inconformista contra lo cual lucha, buscando una adaptación en el medio, ya sea intentando agradar a su marido o intentando una estabilidad afectiva con sus hijos. Es un “tipo” inseguro, que no sabe como actuar por que no sabe como es, victima de un agresivo marido (Nick) y una represiva sociedad que no acepta la visión que ésta ofrece siendo, simbólicamente, recluida en un centro psiquiátrico y plasmando, mientras tanto, la alternativa establecida por medio del personaje de Nick y su relación con sus hijos. Cassavetes cuestiona quien es realmente el peligro para la sociedad.

Para la plasmación de este tema, desde un punto estrictamente formal, el director recurre a medios diferentes al cine clásico norteamericano. La cotidianidad invade los planos, en los cuales prevalece el primero aportando mayor dramatismo y ayudado por una despreocupación por el encuadre así como una iluminación difusa. Todo el metraje está impregnado por una gran teatralidad (espacio casi único, uso de los silencios y sustentación argumental en los diálogos y movimiento de los actores), con secuencias narrativas muy largas, casi a tiempo real (escena de la comida) y con un exceso verborreico que, curiosamente, volveremos a ver veinte años después en un director muy diferente como es Quentin Tarantino, desprovista de esa carga cotidiana existente en Cassavetes.El drama lleva a los personajes a situaciones extremas donde se muestran versátiles, redondos y con una gran variedad de registros dentro de los cuales los actores pueden desarrollar una interpretación brillante, siendo beneficiados por la propia estética del filme.

Para finalizar, señalar que el director, John Cassavetes, representa uno de los primeros ejemplos de creador de cine independiente, al margen de los grandes estudios, pero participante en las obras de éstos, por medio de su trabajo como actor. Este hecho, tan habitual hoy día en gente como Sean Penn, Kenneth Branagh o Tim Robbins, se debe en buena parte a este director. Trabajar en grandes producciones para financiar obras personales y criticas con el “establishment“.