Crítica Noé

noe Nada más que bonita película la de Noé. No es una película que vaya a pasar a la historia por ningún aspecto. Las interpretaciones son buenas, nada más, y la historia ya la conocemos, nada sorprendente. No sé qué se pretendía haciendo una película sobre un tema tan manido y sin intentar darle un enfoque, un color, algo diferente que llame la atención del espectador. No impresiona nada de ella.
Lo que sí resulta curioso, si nos paramos un instante a pensar, que la leyenda de Noé y su arca aunque bíblica y muy posiblemente por ello irreal, nos trae a colación un tema que aunque no está del todo de moda, posiblemente sea metafóricamente la solución a los problemas que están haciendo del mundo un lugar imposible de habitar.

Dios, en su infinita sabiduría, trató de, utilizando un término actual, resetear el mundo. Eliminar todo rastro de maldad. Dios pidió a Noé, salvar una pareja de cada especie animal excepto de la humana, para volver a empezar de nuevo, ya que el hombre estaba corrompiendo todo lo maravilloso que Dios le había dado. Dios le había dado la capacidad de dominar el mundo que le rodea, de utilizar su inteligencia para seguir creando, para vivir en armonía, para ser cada vez mejor, más humano y alcanzar cuotas de perfección y divinidad cada vez más altas. Pero no, el hombre no utilizó todo esto para hacer el bien. El libre albedrío que Dios concedió al hombre, la libertad de elegir su camino, de forjar su destino, de escoger entre el bien y el mal, no salió como Dios esperaba.

En su globalidad, incluso aquellos hombres que denominamos buenos, hemos optado por el egoísmo y la falta de empatía. Es un mal endémico, el mal por antonomasia de nuestra sociedad desde que se creó y que no nos abandonará nunca. Somos nuestro propio enemigo. Luchamos entre nosotros, tratamos de exterminarnos por el simple hecho de ser diferentes, cuando las diferencias solo nos enriquecen, nos hacen más fuertes. Somos egoístas, envidiosos y rencorosos. Queremos ser mejores que nuestro vecino a cualquier precio y si no podemos tratamos de destruirlo. Todo el mundo, tenga o no el valor de llevarlo a cabo, ha deseado hacerle mal a alguien alguna vez por el simple hecho de envidiar algo que tiene o que ha hecho mejor que nosotros.

El mundo no tiene solución. Parece que cooperamos, pero sólo nos ponemos trabas los unos a los otros. Vendemos que la competencia nos hace evolucionar, pero en realidad nos retrasa. Estamos ciegos o peor aún no queremos ver. Posiblemente no nos interese ver. Hay gente que ni se plantea si tiene que ver, otros que no ven y otros, los peores que no les interesa que nadie vea ni quiera ver.

El mundo necesita un reseteo. Eso trató Dios de hacer cuando encargó a Noé la misión. Pero una vez más el hombre egoísta, utilizó su poder de elegir para escoger el camino equivocado. Era de esperar que Noé, aun sabiendo cuál era su misión, siendo un animal como es el ser humano escogiera el camino de su supervivencia en contra del bien general. Tan lógico como egoísta.

Si algo bueno tiene esta película es que ha llegado en el momento más oportuno.