Los siete samuráis (1954), de Akira Kurosawa

La historia embelesa desde el principio: un grupo de bandidos en el Japón del siglo XVI que se dedican a arrasar poblados robando a los campesinos sus escasos bienes, necesarios para subsistir, planean trabajarse un pequeño pueblo, pero uno de los desgraciados integrantes del mismo escucha sus planes y se los comunica al resto de los aldeanos. Éstos deciden en consenso contratar a cuantos samuráis puedan para defenderse y sobrevivir. A partir de ahí se desarrolla esta obra mastodóntica (en calidad y duración), contada por la experta mirada del maestro Akira Kurosawa con conmovedora brillantez, caracterizada por la heroicidad de sus personajes, sin embargo creíbles como seres humanos con diversos caracteres y motivaciones propias.
Y es que al frente del proyecto estaba Akira Kurosawa, el más occidental de los directores japoneses, y es que esto de las influencias es un curioso boomerang. John Ford fue necesariamente influenciado por creadores como Griffith. Kurosawa se fijó más que ninguno de sus compatriotas en Ford (el tratamiento de esos secundarios bonachones y desenfadados, casi cómicos a pesar de sus miserias apunta directamente a él). Y además de ser el más famoso creador de cine oriental, es fuente de la que beben cineastas tan queridos como Miyazaki, Coppola, Lucas (La Guerra de las Galaxias es una versión sui generis de La Fortaleza Escondida, de la que hasta realiza algunos planos idénticos) o Spielberg, que en alguna ocasión han expresado su admiración por el director nipón, con quien le unió no solo amistad sino proyectos en común. Y siendo francos, Spielberg está omnipresente como influencia en el cine actual.
Pero olvidémonos por un segundo de que Los siete samuráis es una obra maestra, no solo para mí sino reconocida como tal con pasmosa unanimidad. Olvidemos el imdb. Olvidemos que tiene un guión perfecto. Olvidemos que los personajes convencen, que Toshiro Mifune es un actor genial y éste uno de sus mejores personajes. Y que el mensaje es imposible de olvidar (honor, violencia, madurez, clases sociales,… ). Olvidemos que a Coppola se le cae la baba viendo esta peli. Olvidemos todo lo contrastado y lo importante que ha sido para la historia del cine. Simplemente veamos la película, porque aun olvidándolo todo, nos lo vamos a pasar endiabladamente bien con las aventuras que presenciamos.
Esto es cine, amigos.
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