Crítica La Red Social

Las malas noticias son que es posible que ese mundo no les interese. No es que La Red Social sea una mala película ni que no esté bien hecha. El problema es que si les cuesta entrar en una historia regida por la popularidad y los clubes exclusivos universitarios, pueden contemplar con desgana las puñaladas traperas que se cruzan un grupo de jovencitos presuntuosos, guapos y estilosos que se acaban asemejando a los protagonistas de una versión culta de Sensación de Vivir. Da igual que al final quiera dejar el mensaje de que el dinero no da la felicidad, en esta película Fincher se acerca más a su propia Zodiac. Vuelve a contemplar la miseria humana y tras muchos meandros no saca ninguna conclusión. La historia que cuenta La Red Social recuerda a un perro que se persigue la cola: da vueltas sobre sí mismo y no va a parar a ninguna parte. La impresión que deja es que es más interesante visualmente que en su fondo, y lo mejor de todo es el protagonista interpretado por Jesse Eisenberg. El retrato del creador de Facebook a algunos les puede parecer despreciable, a otros les puede caer de fábula. Es inteligente, agudo, rápido y cruelmente despectivo con los que considera mentalmente inferiores. Tiene muchos aspectos admirables si no fuera porque emocionalmente está muerto. Y para eso, para reflexionar sobre la basura que es el ser humano, para revolverles las tripas, es mejor que se queden con películas como The Road, que muestran algo con lo que sí pueden encontrarse todos algún día. De David Fincher se espera también su remake de Millenium. Seguro que al menos será más divertido que La Red Social.

