TÍTULO ORIGINAL The Woman in Black
AÑO 2012
DURACIÓN 95 min.
PAÍS Reino Unido
DIRECTOR James Watkins
GUIÓN Jane Goldman (Novela: Susan Hill)
MÚSICA Marco Beltrami
FOTOGRAFÍA Tim Maurice-Jones
REPARTO Daniel Radcliffe, Ciarán Hinds, Roger Allam, Sophie Stuckey, Janet McTeer, Shaun Dooley
PRODUCTORA Alliance Atlantis Communications / Alliance Films / Hammer Film Productions
WEB OFICIAL http://thewomaninblack-movie.com/
GÉNERO Terror, Drama

SINOPSIS Arthur Kipps es un joven abogado cuya empresa lo envía a un lugar remoto para vender la casa de un cliente que acaba de fallecer. La gestión, aparentemente rutinaria, tropieza con ciertas dificultades: los vecinos se muestran reacios a hablar sobre la casa o a acercarse a ella; además, nadie está dispuesto a admitir la existencia de una mujer de negro que él está seguro de haber visto. (FILMAFFINITY)

Tras la escalofriante Eden Lake y sin abandonar el género del terror, aunque si dándole una vuelta, James Watkins orquesta esta versión “remasterizada” del relato victoriano de Susan Hill de mismo nombre. Watkins cambia los macarras y la violencia física por el terror clásico y los fantasmas de la mansión Drablow y sus sombrías esquinas. Y en mi opinión, por segunda vez, acierta de pleno, a pesar de que la historia es simple y previsible y que su final quid pro quo sea uno de los más criticados actualmente en la red (si sirve de algo, a mi me gustó mucho).

Esta versión del conocido relato, si bien mantiene el tema troncal y parte del desenlace, plantea algunas modificaciones sobre el original que a mi parecer enriquecen la historia. Tanto la estructura familiar del protagonista, como algunas de las situaciones, están alteradas de tal manera que esta nueva visión deja un poso más de cuento gótico que de película de terror clásico. En líneas generales, aplaudo los cambios. Pese a ello, es cierto que la historia es bastante simple y sus situaciones suenan a conocidas desde el minuto uno, pues manejan, eso sí con gran maestría, recursos mil veces usados en el terror clásico. No es por ello casual que sea la Hammer (con ese nuevo logo que me encanta) la que ha devuelto ese malsano ambiente gótico a nuestras pantallas.

Estamos ante una historia fantásticamente dirigida por Watkins, pero de nada hubiera servido su talento si no hubiera sido acompañado por la espectacular fotografía de Tim Maurice-Jones y la acertadísima banda sonora de Marco Beltrami. Estos tres elementos, unidos a un cuarto que luego comentaremos, hacen que lo que se podría haber quedado en una película de casas encantadas del montón, se convierta en una de esas que nos mantiene en vilo durante los 95 minutos de metraje. Para un servidor, las sombras, muñecas de porcelana y todos y cada uno de los recovecos de la mansión Drablow, son parte del reparto, pues parecen estar dotados de vida propia y con ello, demuestran su capacidad de ponernos los pelos de punta al son de esa tenebrosa banda sonora.

El cuarto elemento que considero clave para el éxito es Daniel Radcliffe. Contrariamente a lo que a priori pudiera parecer, hace un trabajo encomiable que espero le permita abandonar su encasillamiento como Harry Potter. El antaño mago carga con mucho acierto sobre sus hombros con el peso de la película, pues es prácticamente el único personaje de la historia. Su tristeza y fragilidad, contrastan a la perfección con la determinación y el arrojo que nace en su interior al llegar a la tétrica mansión. Una actuación notable y sentida. Espero que su carrera siga en la misma línea.

La Dama de Negro no es una película de grandes efectos especiales, pues no los necesita para sobrecoger al espectador. A mi parecer, las escenas más aterradoras son aquellas que muestran escalofriantes movimientos en las sombras que pueblan el velado segundo plano, aquellas en las que sabes que algo va a pasar…pero no sabes cómo ni cuándo. El suspense mantenido de las noches que nuestro protagonista pasa a solas en la mansión está muy bien distribuido, siendo loable lo que consigue transmitir Radcliffe sin una sola línea de diálogo.

En definitiva, estamos ante un estupendo cuento gótico de la época victoriana con una puesta en escena impecable, una gran actuación de Radcliffe y una dirección que deja su impronta en cada plano. Ya era hora de demostrar que hay algo más allá de las vísceras y las amputaciones dentro del género, a pesar de que acepto que son miedos distintos. Si me lo permiten, yo me quedo con este.

Lo mejor: La escalofriante atmósfera y la interpretación de Radcliffe.
Lo peor: Que la historia suene a conocida desde el primer momento.