TÍTULO ORIGINAL The Swimmer
AÑO 1968
DURACIÓN 94 min.
PAÍS Estados Unidos
DIRECTOR Frank Perry
GUIÓN Eleanor Perry (Historia: John Cheever)
MÚSICA Marvin Hamlisch
FOTOGRAFÍA David Quaid
REPARTO Burt Lancaster, Janice Rule, Janet Landgard, Tony Bickley, Marge Champion, Bill Fiore, Kim Hunter, Nancy Cushman
PRODUCTORA Columbia Pictures
GÉNERO Drama
SINOPSIS Ned Merrill vive en una zona residencial de clase alta en las afueras de Connecticut. Una día, Ned se da cuenta de que todo el valle donde vive está lleno de piscinas privadas. Ante el asombro de sus amigos, Ned decide recorrer el valle de piscina en piscina hasta llegar a su casa. Por el camino, se encuentra a varias de las mujeres que formaron parte de su vida: una apasionada adolescente a punto de dejar de serlo, una ex amante despechada, la sensual esposa de un viejo amigo… (FILMAFFINITY)

El que una de las mejores películas que he podido ver en muchos años, date de 1968, aunque fuera rodada dos años antes, es un dato bastante significativo de cual es el estado del cine actual. Hace bien poco que descubrí esta joya gracias a mi amigo Mr.Felt y una vez más, debo darle las gracias por haberme reconducido al buen camino.

El Nadador es la antesala a lo que sería el cine americano de los años 70. En mi opinión, es una adelantada a su tiempo. Su patada en el estómago al sueño americano, va cargada de una fría y desangelada crítica a la jet set que predominaba, tanto en la boyante sociedad americana, como en sus pantallas. Sus personajes parecen esperpentos de lo que había sido el cine hasta entonces y su protagonista sufre un descenso, aunque más bien es una caída, a los más desamparados y solitarios infiernos. Todo ello está bañado, de principio a fin, con una hipnótica atmósfera sesentera que incomoda cada vez más al espectador hasta arrastrarlo al previsible pero necesario final. Su crudo golpe al sueño americano me recuerda por momentos y guardando las distancias, al que lanzó, más recientemente, Sam Mendes con su American Beauty. La verdadera valentía de El Nadador, es que ella lo hizo en una época en la que no todo el mundo estaba preparado para recibir una crítica tan brutal como esta. El fracaso en taquilla lo confirmó.

Dirigida por Frank Perry, del que no tenía constancia hasta hace bien poco, tuvo que ser finalizada por Sidney Pollack, quien orquestó una de mis escenas favoritas de la película (en la que Ned se encuentra con su ex-amante Shirley). La historia está basada en un relato corto de John Cheever, del que, visto el resultado cinéfilo, tendré que hacerme tarde o temprano.

El Nadador arranca de una forma bastante inocente, aunque he de reconocer que ya se nota “algo raro” en el ambiente. El primer diálogo del protagonista, un inconmensurable Burt Lancaster, con sus forzosos anfitriones, ya denota que hay demasiados hilos sueltos que no acaban de encajarle bien al espectador. Es de agradecer, en este punto, que no todo tenga su explicación desmenuzada y que sea el propio espectador el que vaya uniendo los puntos mientras Ned, piscina a piscina, va acercándose a su casa. Me encanta la idea de que sea el propio espectador el que se vaya dando cuenta, unicamente recogiendo indicios, de que Ned dista de ser la persona que cree ser. Si hoy en día hubiera un remake, mucho me temo que todos esos hilos quedarían perfectamente explicados tanto vocalmente como por subtítulos, para los más torpes. Cada piscina en nuestro viaje, representa un amargo desengaño de la vida de nuestro protagonista, quien, desde una jovialidad inicial, va “envejeciendo” más y más a medida que se acerca a su meta (impresionante y desoladora escena la de la piscina municipal). Todo este periplo tiene también un paralelismo bastante claro con la vida misma, pues de la vitalidad inicial, piscina a piscina nuestro protagonista se va desgastando hasta llegar renqueante, frío y solo a su destino. Este viaje permite también establecer una crítica al personaje central y los autoengaños que ha creado para sustentar su, hasta ahora, dorada vida. Cada personaje que va encontrando en su camino, va, indirectamente, abriéndole los ojos poco a poco a esa realidad que se niega a contemplar, llevándolo a abandonar su falso yo, para abrazar su cruda verdad. El Nadador es, por todo esto, una película con múltiples lecturas, que acompaña a varios visionados e interpretaciones, todas ellas muy enriquecedoras.

Me parece curioso que esta maravillosa actuación de Burt Lancaster haya pasado tan desapercibida. A día de hoy puedo decir sin miedo a equivocarme, que es, para el que suscribe, su mejor interpretación. La degradación que va sufriendo el personaje tanto anímica como físicamente (el tobillo dañado, el frío, el cansancio,…) queda reflejada a la perfección por el fornido actor.Y es que él es la película. Carga con todo el peso sobre sus espaldas desde el minuto 1 hasta los títulos de crédito. Sus compañeros de reparto, aunque a bastante distancia de él, realizan una buena labor, en especial Janice Rule, que comparte una memorable escena dando vida a su ex-amante Shirley.Por otro lado, debo comentar que el señor Lancaster contaba la friolera de 55 años cuando la interpretó y a pesar de que se nota el paso del tiempo por sus carnes, luce un tipazo durante toda la película, que ya me gustaría a mi mostrar a esos años.

La partitura que acompaña a Ned en su particular viaje, fué la primera que firmó Marvin Hamlish, autor también de grandes conocidas como Un Tranvía Llamado Deseo, La Decisión de Sophie o A Chorus Line entre otras. Para ir en concordancia con la película, sus notas comienzan alegres y llenas de brillo, para tornarse cada vez más asfixiantes y sombrías según va desarrollándose la película.

Poco más se puede decir de El Nadador sin desvelar parte de los pequeños secretos que esconde. Me parece una historia necesaria, llena de preguntas sin respuesta clara, lo cual anima a revisarla de vez en cuando para desmenuzarla un poco más. Para un servidor se ha convertido, por derecho propio, en uno de los mayores clásicos del cine. Se la recomiendo a todo aquel que tenga ganas de vivir una historia hasta el punto de sentirla. Imprescindible.

 

Lo Mejor: Una excelente interpretación de Burt Lancaster.
Lo Peor: Que quizás con un director más maduro se pudiera haber hecho algo mejor.