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Dejando a un lado el tema visible de la película, quisiera hacer hincapié en el tema subyacente de la misma; la esclavitud intelectual.
Y es que, en los tiempos que corren, sufrimos un tipo de represión, quizá no tan escalofriante como era la esclavitud pura y dura que se sufría en casi la totalidad del planeta en tiempos ya casi olvidados, pero si infinitamente más cínica que ella como he dicho: la esclavitud intelectual.

La opresión que el dinero hace sobre el intelecto, la brillantez y el talento ha venido a sustituir la esclavitud física. Prácticamente nadie en el llamado primer mundo, no me atrevería a decir lo mismo de regiones planetarias más desfavorecidas, sufre esclavitud física, pero si se ha extendido como una plaga la intelectual. Mentes brillantes y genios a menudo naufragan en un mar de mediocridad vestido con trajes caros y cargos pomposos con miedo a que el talento descubra sus carencias y miserias amenazando su hegemonía de paja.

El dinero que en la antigüedad convertía a una persona en un mecenas que fomentaba el arte, la investigación y el progreso a cambio de muy poco, ahora embauca, chantajea y por último esclaviza la brillantez. Y es que es tan cínico el asunto como la fábula de la jaula de oro. Revestido de medios y posibilidades, la ilimitada manga ancha que el talento necesita, se estrecha bajo la soga de los resultados y el dinero inmediatos. Encerrar la imaginación y la genialidad en el mismo cuarto que el pragmatismo comercial es el fin de la esencia ser humano. El talento puro está al servicio de la evolución intelectual y es el único camino para ello, pero cuando se banaliza como herramienta servil de ambición vestida con falsas intenciones, es desastroso para el ser humano.

Subyace en este film de El Chef este tema de la esclavitud intelectual. Es triste ver como se coarta la libertad de expresión artística de un gran cocinero, porque su jefe, un personaje corto de miras zancadillea el talento. No entiendo ni entenderé porque alguien apoya o contrata alguien brillante para luego intentar apagar su imaginación.