A no ser que seas un franático extremo de Dragon Ball, la película se puede ver sin problemas. De hecho la única forma de verla es estar todo el tiempo buscando en ella alguna referencia con la serie manga original y, aunque no lo parezca, unas cuantas hay, pero reajustadas a un espítitu más cercano a la sociedad americana, algo de lo que la productora Fox se ha encargado de llevar a cabo, pese a que el director sea chino (James Wong).

A partir de aquí, si no quieres saber detalles de la película, no sigas leyendo.

La isla con la casa del maestro Rossi está presente, sólo que en medio de una ciudad, en un lago y con una estética de típica casa antigua de Nueva York.
Pues así, una vez tras otra, incluso hay momentos en los que uno ya se empieza a acostumbrar hasta que, de repente, ocurre algo y nos vuelve a deshubicar.

El maestro Rossi (Chow yun Fat), pese a ser mucho más joven que el original, mantiene su espíritu, en cierta medida, al igual que Bulma. Los demás personajes no están tan logrados y Goku (estudiante, enamoradizo) el que menos.

La película en sí está rodada deprisa y corriendo (cómo si les fueran a quitar el dinero de la producción), ofreciéndonos escenas con una resolución tan rápida que nos dejan las palabras “¿ y ya está?” en la boca. Un ejemplo claro es el combate final entre Goku y Picolo, un combate soso y corto.
Picolo es otro que se las trae, sobretodo teniendo en cuenta al actor que lo interpreta (James Masters, Spike en “Buffy cazavampiros”), ya que carece de suficientes expresiones en su cara como para interpretar al gran malvado de Namek.

El principio pintaba incluso bien, contándonos la historia de Picolo y de el gran mono gigante (sí, aquello en lo que se convierte Goku cuando hay la luna llena), pero se estropea todo cuando se comenta en el film que, el mono gigante, es un secuaz dominado por Picolo y no mide más de dos metros (lo veréis al final cuando se transforme Goku).
Mejor no hablar de que Goku llegó a la tierra en meteoríto en vez de en una cápsula de los guerreros del espacio.

En definitiva, “Dragon Ball Evolution” ha hecho muy bien en añadir “evolution” al nombre, para excusarse de los cambios (erróneos) que se han hecho sobre la historia original. No aporta el espítiu de la serie y si hubiesen cambiado los nombres a los personajes, el nombre al título y no hicieran referencia a las bolas de dragón, hubiese pasado por una película fantástica incluso aceptable

Esperemos que en la segunda parte (por lo visto está en proyecto) cambien de línea y no mancillen más el nombre de una serie que ha dado tantos fans.