Entre la extensa y variopinta fauna que puebla los glamourosos institutos y universidades estadounidenses retratados en una infinidad de películas y series de televisión (los centros españoles son, en el mejor de los casos, más ordinarios), es reconocible una especie particular, más bien reducida, de jóvenes populares que caminan con toda la seguridad y soberbia que les provee la certeza de un futuro brillante, ya sea por su belleza natural o por su inaudito don para el deporte. Sin embargo, todas esas historias machaconamente repetidas en la gran pantalla finalizan con la anhelada fiesta de graduación, donde en pleno júblilo lanzan sus birretes al aire; entonces se congela la imagen y aparecen los títulos de créditos. ¿Qué ocurre con todas aquellas jóvenes deslumbrantes y fornidos muchachos una vez superado el instituto y la universidad? ¿qué es de su fama y popularidad?, ¿consiguen ganarse la vida más allá de la selva en la que han estado inmersos durante su juventud?
Jason Reitman, el laureado realizador de Juno y Up in the Air, se alía con la guionista del momento, Diablo Cody (creadora de la serie United States of Tara), para preguntarse acerca de este misterioso hecho obviado por la historia del cine. Y lo hace a partir de las andanzas de Mavis Gary, una deslumbrante mujer sumida en los treinta que acaba de divorciarse y que ve cómo su carrera de escritora de libros juveniles camina indefectiblemente hacia el fracaso más absoluto. Es entonces, en plena crisis existencial, cuando recibe una postal electrónica de un antiguo novio del instituto en la que le presenta a su hijo recién nacido, y decide regresar a su ciudad natal para encontrarse con él y, de paso, intentar acabar con su feliz matrimonio valiéndose de los encantos que un día la convirtieron en la muchacha más popular del baile.

Lo cierto es que en Young Adult no abundan las instrospecciones histéricas al estilo de otras féminas celebres como la encantadora Bridget Jones para explicar las derivas paranoides y actos incoherentes de su protagonista, más bien ofrece un apocado y cínico recorrido por el proceso de autodestrucción al que se somete Mavis en un vano intento de poner en valor unos atractivos más propios de una quinceañera que de una mujer aparentemente madura y con una carrera profesional exitosa. De ahí la sorpresa mayúscula de Buddy Slade (al que da vida Patrick Wilson), la diana de las estrategias de seducción de Mavis, al comprobar que su antigua novia ha vuelto al barrio con el objetivo de conquistarlo descaradamente, incluso ante la mirada atenta de su mujer, con modelos imposibles y flirteos de adolescente en celo.

Young Adult no es tan divertida como Juno ni tan sugestiva como Up in the Air, sin embargo guarda una ironía demoledora bajo cierta apariencia de comedia negra inofensiva que muestra los niveles de patetismo a los que puede descender una persona adulta por ser, indefinidamente, el centro de atención de incluso aquellos a los que desprecia. Uno de los personajes más interesantes de la película es Matt (Patton Oswat), un tipo bajito, lisiado y con fama de ser gay, quien entabla una particular amistad con Mavis a pesar de que esta lo había ignorada en el instituto por su aspecto físico. Con esta relación, Reitman parece querer mostrar la fascinación que suscitan las personas populares, aunque sean mezquinas y crueles, sobre otras destinadas a desempeñar papeles secundarios en los distintos ambientes sociales, como si tuvieran la absurda ilusión de contagiarse de sus encantos por el mero hecho de ser sus vasallos. A este respecto, la conversación entre Mavis y la hermana de Matt hacia el final de la trama es especialmente ilustradora.

La película se desarrolla con un ritmo algo lento (de hecho, el tráiler puede ser suficiente para tener una idea aproximada del argumento), lastrada por la languidez de su protagonista y la excesiva mala leche que empapa la trama. De hecho, la antipatía que se llega a sentir hacia el personaje al que da vida eficazmente Charlize Theron (un papel que da algo de aire a una carrera cinematográfica últimamente algo desdibujada) es tal que la película suscita cierto cansancio en el espectador que apenas puede paliar los escasos momentos de comicidad (ya de por sí negrísimos). Así pues, Reitman retrocede en cierto modo de los logros obtenidos en sus dos anteriores films, aunque mantiene el tipo narrando una historia que jamás antes nos habían contado, la de esas diosas populares del instituto o la universidad en la vida real.