Cuando en 1975 el productor, compositor y músico Kim Fowley conoció a una quinceañera Joan Jett a las puertas de un club, este ya era una leyenda en el mundillo del rock and roll. Desde principios de los años sesenta se venía labrando una reputación como tipo extravagante y ultrajante que no se cortaba a la hora de ofender a la audiencia y prefabricar éxitos marcianos. Su nombre está detrás de bombas de relojería como Alley Oop, de los inexistentes Hollywood Argyles, y Papa-Oom-Mow-Mow de The Rivingtons. Fowley era un mercader que manufacturaba temitas basura para el consumo de las masas, pero también escribió para Paul Revere & The Raiders, P.J. Proby, Cat Stevens, The Byrds, Warren Zevon, Kiss, Helen Reddy, Alice Cooper, Leon Russell y Kris Kristofferson. Casi nada. Por si fuera poco, intervino en la banda sonora de American Graffiti y produjo discos de Slade, Soft Machine, Gene Vincent y Jonathan Richman. Se subió al carro de la psicodelia y del glam, ascendió en las listas con números pasados de rosca y se convirtió en una figura maldita reivindicada por los más auténticos. Un carrerón impresionante.

Fowley estaba siempre buscando the-next-big-thing. Su siguiente idea era un grupo formado exclusivamente por chicas. Justo en ese momento se le aproximó una jovencita Joan Jett con sueños de gloria y harta de que le dijeran que las chicas no tocaban guitarras eléctricas. El viejo taimado de Kim vio el potencial y se encargó de montar una banda en la que estarían la futura gloria del heavy Lita Ford y una chiquilla llamada Cherie Currie. Habían nacido The Runaways, un proyecto que él dirigiría, produciría y manipularía. Las chicas componían sus propias canciones y Fowley escribía las letras buscando siempre la provocación sexual con un ojo puesto en el mercado. En nuestro país The Runaways nunca fueron muy conocidas y es difícil que alguien se acuerde de ellas ahora, pero no hay quien no conozca I Love Rock and Roll, el megaéxito que cosechó Joan Jett en solitario y una de las canciones más excitantes del rock.

Entre 1976 y 1978 The Runaways dejaron un reguero de discos en los que mezclaban el hard rock con el punk, se codearon con Cheap Trick, Blondie, The Ramones y Generation X, y arrasaron en Japón. Pero dentro del grupo las cosas no iban bien, sobre todo con Fowley y sus métodos poco ortodoxos. El svengali las explotaba, abusaba verbalmente de ellas y las enfrentaba entre sí para tenerlas controladas y en contínua tensión. Currie no pudo aguantar la situación y abandonó tras los dos primeros discos del grupo, harta del manager. Dejaba tras de sí pequeños himnos de urgencia adolescente como Cherry Bomb, Queens of Noise y Born to Be Bad. Tras la marcha de la vocalista, Joan Jett se puso frente al micrófono para un disco más antes de romper con Fowley por desacuerdos sobre el dinero que estaban percibiendo y la forma en que el manager estaba llevando a la banda. Ya sin Fowley grabaron un disco más antes de separarse por diferencias irreconciliables. Lita Ford quería seguir por el camino del heavy metal, mientras que Jett estaba más interesada en el punk y la new wave.

The Runaways fueron la primera banda totalmente femenina en abrir camino en un medio tan dominado por los hombres como es el rock and roll. La influencia de su imagen, su sonido, su actitud y su acción decisiva para derribar barreras es ampliamente reconocida hoy en día. La fotógrafa Floria Sigismondi, conocida por dirigir vídeos para Marilyn Manson, David Bowie, The Cure, Bjork, The White Stripes, Muse, Leonard Cohen y Sigur Rós, entre otros, tomó la autobiografía de Cherie Currie y escribió el guión de su primer largometraje, un biopic sobre The Runaways. Dakota Fanning, famosa por aparecer en Crepúsculo, aunque lleve ya una larga trayectoria desde sus comienzos como niña prodigio en I Am Sam junto a Sean Penn, interpreta a Currie. Su compañera en la saga de vampiros sexys, Kristen Stewart, hace lo propio con la rebelde Joan Jett.

La película es un perfecto retrato del lado más sucio de la música, la despoja de todo glamour y muestra su cara más prosaica. De los sueños de gloria adolescentes y los comienzos cutres, a las giras multitudinarias en la cumbre. Pero siempre con un aspecto sórdido. La vida en habitaciones de hotel, durmiendo en el asiento de atrás del coche durante los viajes, con la banda agotada y explotada. Sigismondi cuenta la historia completa con todos sus detalles. Toda la mitología que envuelve el devenir de The Runaways está presente, y no se priva de mostrar apuntes de la homosexualidad de Jett, quien siempre ha dejado la ambigüedad flotando sobre el tema. También el aprovechamiento y los métodos abusivos por parte de Fowley, así como los problemas de Currie con las drogas tienen una parte importante en el argumento. Dakota Fanning está convincente como Cherie Currie, pero es Kristen Stewart quien da la campanada en el papel de Joan Jett. La Bella de Crepúsculo realiza una excelente imitación sorprendente y totalmente inesperada. Es Joan Jett.

The Runaways es una una buena película sobre el rock and roll. Sobre los métodos en que los managers utilizan a sus patrocinados, sobre la manipulación de unas adolescentes para ser vendidas a una audiencia masculina, y sobre la explotación del componente sexual de un grupo que todavía son unas niñas. Una historia de miseria. A los fans del rock and roll les encantará, a los que conozcan al grupo les fascinará, al resto les traerá al pairo. Y a mí, que me pone Joan Jett como no me pone ninguna otra mujer, que la Joan Jett de 51 años es mi tipo absoluto y por ella sería capaz de cambiar de sexo, me ha tenido todo el día pegado a la pantalla buscando fotos suyas, clavado a su sonrisa, a cada cambio de corte de pelo. Su música es formulaica, pero su carácter, su pose, su actitud, son todo lo que me seduce en una mujer. ¿Hay alguna así leyendo?