Tengo que confesarles que no conozco nada del Sherlock Holmes literario y hace una eternidad que no repaso las películas clásicas de Basil Rathbone que llenaron tantas tardes de mi infancia. Algo que no tiene porqué ser forzosamente malo a la hora de juzgar esta película. En realidad ayuda a contemplarla como tal, como film que se sostiene por sí mismo sin obligación de estar mediatizado por cualquier tipo de prejuicio. También les diré que a mí Guy Ritchie me gusta un montón.

Me gusta su estilo, me gusta su caradura, me gustan las historias que cuenta y me gustaron Snatch y Lock & Stock. Al ex de Madonna se le puede acusar de haberle salido una película con una estética demasiado moderna en la que abusa de las escenas de acción ralentizadas. Y es cierto que Ritchie tiene manierismos a veces muy cargantes, pero también lo es que sabe contar una historia de forma excitante y que suele tener acierto con los guiones. Su versión de Sherlock Holmes presenta una nueva visión del personaje para unos nuevos tiempos. Una historia que no se basa en ninguno de los relatos clásicos de Arthur Conan Doyle, pero que bebe de su esencia e introduce los puntales básicos que todos conocemos y queremos.

El director antes conocido como Mr. Ciccone es inglés y le encanta hacer profesión de ello. Está enamorado de su tierra y si en sus anteriores trabajos ha ejercido de cicerón enseñando sus rincones, sus personajes y su idiosincrasia, aquí se le nota que disfruta recreando un Londres con un pasado tan fascinante que uno llega a sospechar que no existió nunca. Como una Inglaterra Victoriana directamente extraída del From Hell de Alan Moore. Ritchie opta por un ejercicio visualmente deslumbrante y con atrevidos movimientos de cámara. Con escenas espectaculares sin necesidad de hacer grandes alardes, y con un script divertidísimo que no desdeña el humor del que tanto ha hecho gala y signo característico en otras películas suyas, sin olvidarse de mostrar de manera atractiva la parte analítica y cerebral del personaje.

Un elemento fundamental que lleva a buen puerto el largometraje es la química entre sus protagonistas, Robert Downey Jr. como Holmes, y Jude Law como el Doctor Watson. Ambos actores construyen personajes con encanto y carisma, con un especialmente brillante y amanerado Downey que recuerda su genial interpretación de Chaplin. Desde luego su Holmes no es el tipo flemático al que estamos acostumbrados, pero tiene otro tipo de aplomo británico, y su excentricidad roza lo estrafalario sin resultar chocante ni fuera de lugar. Curiosamente, este es un Sherlock Holmes más cercano al de El Secreto de la Pirámide, tanto que al final uno casi hasta olvida que está viendo una película del detective. Como suele suceder en estos casos, el final queda abierto a una secuela. Si es como esta, a mí no me importaría. En definitiva, El Sherlock Holmes de Guy Ritchie (y de Robert Downey Jr., no lo olviden) es un gran entretenimiento y un disfrute durante todo el minutaje. Una buena historia bien contada, con buenos personajes bien interpretados. Eso hace una buena película, ¿no?

Nemo Nadir