[Critica] Mr. Nobody

La vida no ofrece segundas oportunidades. En el juego de vivir no existen las tiradas de prueba. Caminamos por ella a ciegas tomando decisiones, eligiendo entre opciones excluyentes, preguntándonos qué hubiera pasado si hubieramos escogido la otra posibilidad. La vida es un experimento fútil, en el que de nada nos sirve aprender. Cuando ya sabemos de qué va esto, somos demasiado viejos. Cuando somos capaces de sacar partido a nuestra experiencia, llega la muerte. No podemos volver atrás, eso es lo que hace difícil escoger. Sólo hay una posibilidad de hacer la elección correcta. Sólo tenemos una vida. Mr. Nobody, la primera película en inglés del guionista y director belga Jaco Van Dormael es una fascinante aventura que habla de todas esta posibilidades. De las casualidades y del azar. Del famoso efecto mariposa que hace que cosas aparentemente insignificantes desencadenen una carambola de acontecimientos que te hagan ir a parar a un lugar que jamás sospechaste. Vivir es incierto de por sí, cada paso que damos significa bailar con el destino, arriesgarnos en La Lotería de Babilonia de Borges.

Jared Leto (El Club de la Lucha, Requiem por un Sueño) protagoniza esta fantasía onírica ubicada en un tiempo futuro en el que la ciencia ha avanzado hasta tal extremo que la humanidad ha superado todas sus servidumbres. Ya no hay enfermedades, la muerte ha desaparecido. El hombre más viejo de La Tierra, el último mortal, cumple 118 años. Enclaustrado en una institución, exhibido como una rareza, rememora su vida. En sus recuerdos, todas las opciones, todas las vidas que pudo vivir, se suceden simultaneamente. No sabemos cuáles son los evocaciones verdaderas y cuáles sus sueños; cuáles son las cosas que de verdad hizo, cuáles las que lamenta no haber hecho, y cuáles las que hubiera deseado que pasasen. En su mente se mezclan, como ante el espectador, las memorias, las ensoñaciones, los anhelos y la imaginación. Rememora cómo cada decisión que tomó lo llevó por un camino totalmente diferente, cómo cada pequeño desvío lo hubiera hecho vivir una vida absolutamente alternativa. Siente como si le hubieran escamoteado esas vidas no vividas.

La historia no está contada de forma lineal, sino que nos muestran simultaneamente todas las opciones posibles. Hay constantes saltos adelante y atrás a momentos diferentes de cada vida posible, que a veces se cruzan entre sí. Cada alternativa dentro las respectivas decisiones se ramifica en futuros infinitos, en infinitas vidas. Su vida podría haber discurrido por senderos radicalmente distantes en función de lo que hubiera hecho en cada situación. Y él, incapaz de tomar decisiones, no porque no sepa lo que quiere, sino porque lo quiere todo, incluídas cosas que se anulan entre sí, vive todas esas vidas a la vez. Pero al final Mr. Nobody no es más que una historia de amor con múltiples soluciones que trata sobre la inquietud de no haber escogido a la persona adecuada, de no haber vivido tu vida con quien debieras, o de haberla perdido amando a quien no tendrías que haber amado. Un ensayo sobre haber encontrado al amor de tu vida y tener la incertidubre de que puede haber otros amores de otras vidas que no conoces porque no has recorrido esos caminos.

Ese es el conflicto del protagonista, Nemo Nobody (fíjense en el alegórico juego de palabras). No es que no sepa qué escoger, sino que no quiere hacerlo. No quiere renunciar, lo quiere todo. Y si sus decisiones no sirven, prefiere dejar que funcione el azar. Rige los momentos más importantes de su existencia en razón de los motivos más peregrinos. Acepta que todo está predeterminado, que no existe el libre albedrío, que no puede cambiar lo que no conoce, pero que tampoco sería capaz de cambiarlo si supiera lo que va a pasar. Su problema no es tomar algo, sino rechazar lo demás. No sabe qué decisión tomar porque no sabe lo que le aguarda, pero si lo supiera, tampoco podría decidir. Quiere vivir todas esas vidas posibles.

El director juega visualmente con el espectador y lo deja tan perdido como al protagonista. Utiliza la música como otro elemento narrativo fundamental y se vale de una estética hipnótica para crear un espectáculo brillante y eficazmente desarrollado. Mr. Nobody es una película poética, filosófica y terriblemente compleja que necesita más de un visionado. No es para los niñatos que van al cine a berrear y a rumiar palomitas. Es para un público que desea ver una historia plena del sentido de la maravilla, llena de posibilidades y realmente bien puesta en imágenes. Si les gustan las historias rebosantes de humanidad, optimistas, que dejan una agradable sensación de calorcillo interno, no se la pierdan. Además, Jared Leto está monísimo.