Crítica Luces Rojas (2012), de Rodrigo Cortés

El cine es quizás la disciplina artística que más se asemeja al ilusionismo, a ese virtuoso juego de luces y sombras donde las apariencias y lo real se confunden en una amalgama inextricable, donde nuestros sentidos se conjuran para sembrar la confusión más absoluta. Cada película es, de este modo, un ejercicio de magia en las manos de un hábil malabarista de imágenes que se vale del engaño y la visión sesgada de la acción para fascinar a un público incitado a creer. El problema surge cuando ese espectador crédulo consigue vislumbrar los trucos del presdigitador desvelando la futilidad del espectáculo. En ese sentido, el thriller paranormal o ‘psicológico’ es un subgénero tendente a las trampas, a los giros de guión efectistas e inverosímiles, a resguardarse en la acción sin descanso y en un clima de suspense artificial.

Rodrigo Cortés parece haberse estudiado en profundidad todos estos errores consustanciales al género con el objeto de no reproducirlos en su esperado tercer largometraje. Y lo cierto es que lo ha conseguido. Luces Rojas utiliza parte de los recursos del thriller de suspense pero los somete a una reinterpretación crítica y eficaz para componer una obra seria, sólida y trepidante en la que juega precisamente con ese ilusionismo donde el deseo de creer en algo obnubila a la propia razón. Psíquicos, curanderos, predicadores o vendedores profesionales de humo que acrecientan su fama al calor de los focos de los teatros son los auténticos protagonistas tras los que acechan una particular pareja de ‘cazamitos’ amparados bajo la bandera irrenunciable de la incredulidad y el rigor científico, en una trama en la que se van desmontando uno a uno los grandilocuentes montajes de charlatanes sin escrúpulos e iluminados sin parangón. Todo ello hasta que entra en escena Simon Silver, un afamado psíquico ciego retirado desde hace treinta años que planea su fulgurante regreso entre una espesa nube de expectación y acontecimientos extraños.
La dicotomía entre el ser y el parecer es una presencia latente a lo largo de la película que suscita una sensación permanente de irrealidad, como si la posición inicial de escepticismo se fuese desvaneciendo progresivamente hasta sembrar la duda acerca del origen de una serie de hechos paranormales sin explicación aparente. La película camina con inusitada temeridad en el filo de la navaja, consciente de que el más mínimo paso en falso puede suponer todo un descalabro. Sin embargo, la mano firme de Rodrigo Cortes tras las cámaras (y de forma especial en la sala de montaje) mantiene el pulso hasta el final, con giro radical de guión incluido, desvelando las luces rojas que siempre estuvieron ahí, justo delante de nosotros, en un fascinante juego de percepciones desplegado por su director.

Catalogar Luces Rojas como un thriller psicológico más sería caer en un inmenso error. De hecho, podriamos concluir que se trata de una película a través de la cual se intentan desmontar buena parte de los trucos de los que se vale de forma habitual el género, especialmente en lo que a producción estadounidense se refiere, a partir de un inteligente guión en el que se describen y refutan cada uno de ellos, confeccionado por una mente de una lucidez admirable. Ya muchos hablan incluso del Christopher Nolan español, una comparación quizás demasiado apresurada, y no precisamente porque Cortés nos parezca de una calidad menor, sino más bien porque los estilos no son del todo asimilables. La clave está en que el realizador español posee el carácter suficiente para ser uno de los grandes del cine mundial, por lo que cada nuevo proyecto será esperado, al menos por mi parte, con total expectación.
Con Luces Rojas sólo ha hecho confirmar un inicio brillante con Concursante y Buried. Y además lo ha hecho de la mano de un reparto internacional en el que sobresale de forma especial Sigourney Weaver, una actriz con una presencia abrumadora que se calza su papel de investigadora con una asombrosa soltura. A ella la acompañan el siempre perturbador Cillian Murphy, Robert De Niro, a quien el paso de los años no le resta ni un ápice de solvencia y vigor, Toby Jones, Elizabeth Olsen o Leonardo Sbaraglia en una pequeña pero memorable intervención.

Suspense, acción, golpes de efecto, una banda sonora inquietante, un montaje sencillamente perfecto, interpretaciones precisas, un final con sorpresa y ciertas dosis de hechos paranormales, son las credenciales de una excelente película de género bajo la batuta de un realizador excepcional. Luces Rojas es ya hoy una de las películas del 2012.

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