No podíamos dejar acabar el año sin hablar del remake norteamericano de lo que fue una de las películas favoritas de 2009, el largometraje sueco Déjame Entrar. ¿Qué sentido tenía, pues, hacer una copia de algo que ya había quedado lo suficientemente bien en un principio? Bueno, podríamos echarle la culpa a los americanos y decir que son muy suyos y que no están abiertos a cinematografías allende sus fronteras. Pero tampoco el público generalista en nuestro país es muy propicio a hacerle caso a una oscura película sueca, y así muchos se perdieron una muy recomendable historia que da una nueva vuelta de tuerca al mito de los vampiros y lo aleja de los lánguidos adolescetes de Crepúsculo para acercarlo a sus raíces. ¿Aporta algo, entonces, la nueva versión de Déjame Entrar? Sí y no.

En un tiempo en que los vampiros han dejado de ser oscuros seres escalofriantes para convertirse en objeto de deseo de adolescentes con ínfulas de Victoria Francés, este film representa un resfrescante soplo de aire fresco sobre el género. La productora Hammer no ha pretendido realizar un blockbuster espectacular, sino que replica el mismo ritmo lento y opresivo del original. Una historia intimista con tempo pausado que tiene más que ver con el drama de sentimientos que con el cine de terror. En este remake de Déjame Entrar sigue de fondo la temática de la violencia explícita o reprimida. Incide en temas como el acoso escolar, la soledad, la marginación y la inadaptación con formato de película de vampiros. Ambientada también en los años ochenta y en los mismos parajes gélidos que la película sueca, pero en los Estados Unidos, es un relato mil veces contado que podría estar lleno de tópicos manidos, pero que es conducido por caminos más naturalistas que los habituales y se aleja así del modelo atractivo y seductor para recuperar al vampiro como bestia sanguinaria poseída por una necesidad irrefrenable.

Déjame Entrar adapta una novela de John Ajvide Lindqvist através de la película dirigida por Tomas Alfredson, muchas veces fotograma a fotograma. Owen es un niño acosado en el colegio que sufre torturas y humillaciones a manos de los matones de su clase. Traba amistad con Abby, una extraña niña solitaria que huele raro, nunca tiene frío y llega nueva al vecindario al cuidado de un inquietante adulto que esconde un terrible secreto. Poco a poco ambos niños van haciéndose amigos y apoyándose el uno en el otro. Dos personajes totalmente alejados de lo usual, excelentemente interpretados por los jóvenes protagonistas, a los que hay que añadir la figura del cuidador, un hermoso canto al amor y la entrega, cuyo trágico destino aquí queda más explícito. Su relación con ella es un reflejo del futuro de Owen, así como éste es reflejo del pasado del cuidador, en una secuencia infinita en la que sucesivos cuidadores se tomarán el relevo para ser más tarde será relevados también. Déjame Entrar no necesita de pirotecnias ni de secuencias de acción para contar su cruda y a la vez enternecedora historia y, aún manteniendo las convenciones del género, supone un giro copernicano a la temática del cine de vampiros. Un género que con esta película gana en profundidad y en matices.

Entonces, ¿por qué rehacerla si tampoco iba destinada a romper la taquilla? Porque es una buena historia que recupera la tradición desde una perspectiva diferente para hacerla llegar a un público más amplio. Los niños protagonistas son más atractivos y el público se puede identificar más fácilmente con ellos. Son Kodi Smit-McPhee (The Road) y Chloë Grace Moretz (Kick-Ass), que está tan espectacular como la niña original y se come la pantalla cada vez que aparece. ¿Pierde en algo Let Me In por contraposición con su versión sueca? Tan sólo la capacidad de sorpresa para aquellos que la vieron en su momento. No está ni mejor ni peor resuelta, pero sí que representa una oportunidad de ver una gran película para todos aquellos que se asustaron al ver tanto nombre sueco en los créditos de la primera versión. Y aunque de alguna inquietante manera, la original resulta más sobrecogedora, esta nueva Déjame Entrar sigue siendo una película espléndida.