Póster Corazones de acero (2)

Póster Corazones de acero (2)Si te gusta el cine bélico y te gustó en su momento La cruz de Hierro (Sam Peckinpah, 1977) y Salvar al Soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) tienes que ir al cine corriendo y ver Corazones de Hierro, estás tardando, de hecho deberías dejar de leer e ir al cine a comprar tu entrada. Si no te gustaron, pero te interesa todo lo que tiene que ver con la II Guerra Mundial, también. No es una película más sobre la Segunda Guerra Mundial, creo que es una de las diez mejores películas bélicas sobre esta guerra. No es una película de acción con tanques, aunque el director, David Ayer, sea especialista en ello. Compré mi entrada con cierto escepticismo pues uno ha visto tantas películas bélicas y las citadas anteriormente le parecen las mejores y siempre anda comparando, lo que provoca que sean muy pocas las que le parezcan que están a la altura.

¿Por qué una película sobre tanques? Bien, el motivo fundamental es que tú vas en un Sherman M4, tienes en frente un TIGER alemán y tienes dos opciones: o apuntas muy bien en una determinada zona, [ver Los Violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970)] o te bajas del tanque y corres. Los tanques norteamericanos no tenían nada que hacer ante los blindados alemanes. En principio, esto no es ningún problema si te sucede al principio de la guerra, como les pasó a los alemanes contra los rusos y su T-34. El problema es cuando te pasa al final de la guerra. Y de esto va la película, del final de la guerra. Las divisiones blindadas americanas acabaron la guerra entre las unidades con más bajas del ejército norteamericano. De aquellos que sabiendo que van ganando, no ven el final cerca, y el precio de la victoria es muy caro en sangre.

Para nuestra tripulación de Sherman, la guerra es una parte más de sus vidas, es “el mejor trabajo que han tenido nunca”, pero en sus miradas se refleja el hastío, la mirada perdida del que ha visto morir a muchos de sus compañeros de armas. Llevan pegándose contra los Fritz, Kartoffen, Nazis,… desde 1943, metidos en una lata de sardinas, donde si es cierto que una bala no te mata, otras cosas lo hacen de una forma más dolorosa: no es lo mismo morir de una balazo, que quemarse vivo.

Póster Corazones de acero (1)El guionista de Training Day, David Ayer, quiere rendir un su “homenaje” a estos soldados que combatieron en Europa a los alemanes y lo hace muy bien. Hace una película oscura, con la misma mirada triste que tienen sus protagonistas. No hay honor, no hay héroes, hay hombres que luchan y hombres que matan, lo que es la guerra. Otros directores buscan sacar lo mejor del ser humano, pero David Ayer prescinde de ello. El director quiere que sientas miedo, que se te encoja el corazón, que sientas claustrofobia; no busca honor, ni dedica la película “a los soldados que lucharon”….como otras cintas antiguas. El director busca que te tragues el barro de las cadenas tractoras de los tanques. Cuando vayas al cine, porque vas a ir, verás que Ayer le hace un sentido homenaje a Sam Peckinpah, los títulos de crédito del final te recordaran a La Cruz de Hierro y la misma atmósfera es la que verás. Ha utilizado el mismo ojo para representar la misma guerra pero con contendientes diferentes. Y si Peckinpah representa la dureza del frente oriental, David Ayer lo hace con el occidental, y si la Historia dice que el primero fue más duro que el segundo, al espectador, gracias a la genial visión del director, le va a parecer que fueron igual de crudos.

Uno de los éxitos de la película es la dirección artística. Considero que ha contado con un buen equipo de documentalistas que han sabido muy bien representar con detalle el periodo histórico que representan, cuidándose de representar las armas, uniformes y en general todo el material y equipo del que una película bélica que representa hechos históricos debe contar. Es una alegría que en la industria cinematográfica en los últimos años se cuiden de ese tipo de detalles. Quizás por las limitaciones técnicas de antes, se podían ver a los alemanes en tripulando tanques norteamericanos en las escenas de combate, por ejemplo La Batalla de las Ardenas (Ken Annakin, 1965).

Si no te gustaron las películas citadas antes, pero te gustaron las novelas del danés Sven Hassel, cuando vayas al cine te vas a acordar de éstas y sus personajes. Es más, diría que por cada protagonista de los novelas han caracterizado a cada uno de los actores. ¿Os acordáis de Porta? Pues piensen ahora en Jon Bernthal (Shane Walsh, The Walking Dead). Brad Pitt bien como siempre, mostrando a Hollywood que se puede ser guapo y buen actor, cosa que nunca ha sabido hacer Tom Cruise, éste haría de El viejo. Le acompañan, y lo hacen bien, Shia LaBeouf, Logan Lerman y Michael Peña.