[Crítica] 500 Días Juntos

Tengo debilidad por las pelis de amor. Denme una buena historia romántica y me tendrán comiendo en la palma de su mano. Me gusta pensar que esas cosas pueden pasar en la vida real. Que la gente puede ser feliz y vivir ese perpetuo deslumbramiento en un mundo en el que nada importa más que la persona que tienes a tu lado, y su sola presencia es sanadora y redime de todos los males. (500) Days of Summer es la película con la que debutó en 2009 el director Marc Webb, y fue una seria competidora en las listas de favoritas del año. No se trata de la típica historia bobalicona, ni de la comedia almibarada a mayor gloria de la sonriente estrella de turno. 500 Días Juntos es un largometraje moderno sobre las relaciones actuales. Un relato de punta a punta sobre el éxtasis y el desgarro del amor, que te hace levantar una sonrisa de reconocimiento. Una deliciosa y original…

forma de contar la tan manida peripecia de chico encuentra a chica, chico pierde a chica. Y un fresco cruce entre Alta Fidelidad (uno de mis fetiches personales con John Cusack al frente) y Olvídate de Mí (Jim Carrey haciendo un buen papel) protagonizado por Joseph Gordon-Levitt (el detective adolescente de Brick) y la dulce Zooey Deschanel (Casi Famosos y ahora con dos estimables discos en la calle junto a M. Ward como She & Him).

500 Días Juntos es el título con el que se estrenó en nuestro país, estropeando el, por otra parte intraducible, juego de palabras que envuelve toda la acción y el metafórico mensaje final. A la eterna pregunta: «¿Crees en el amor?» lúcidamente responde: «Hablo de amor, no de Papá Noel«. Esta es una historia de la vida real. Contada de forma no lineal, y puntualizada por la voz de un narrador en off, salta de un momento a otro de la relación entre Tom, un romántico incurable enamorado hasta los huesos, y Summer, escéptica, descreída y nada

dispuesta a involucrarse en una relación que implique compromiso. Vemos los pequeños chistes privados, los momentos que a ojos de los demás son una cursilada, pero que para los enamorados son encantadores, los detalles que al principio son divertidos y que con el tiempo se convierten en irritantes. Situaciones cruciales o aparentemente banales con las que el espectador debe completar el puzzle. La banda sonora surcada de canciones de pop alternativo tan recurrentes en el cine independiente norteamericano es espléndida y ofrece el complemento perfecto a esta historia, que no es sólo de amor, sino también de redención, y que demuestra que para que te quieran, no basta con querer. Al final el amor resulta ser cosa de uno.