“Dunquerque”, “El instante más oscuro” y “Los archivos del Pentágono”

La Guerra del Vietnam fue una de las primeras guerras televisadas. Los estadounidenses veían a la hora de la cena a sus tropas luchar contra un enemigo que se escondía. Una guerra que parecía que estaban ganando pero donde a la vez no paraban de ver bolsas de sus soldados caídos en combate de vuelta a casa. De este modo la violencia se hizo cotidiana ante el espectador en el telediario. Esa violencia pasó a plasmarse en la gran pantalla y el cine cambió para entonces. En ese cine clásico en blanco y negro, incluso en color, los protagonistas mueren de una forma un tanto trágica, algunos con grandes genuflexiones, pero apenas hay sangre. Pero parece que el telediario nos inmunizó y empezamos a ver sangre a raudales con la consiguiente casquería aledaña. La violencia ya es algo manifiesto, no es sugerida, no es simulada. Ejemplo: comparemos dos películas de género bélico, “El día más largo” (Ken Annakin, Andrew Marton, Bernhard Wicki, 1962) y “La Cruz de Hierro” (Sam Peckinpah, 1977). En una apenas vemos sangre, en la otra, la salsa de tomate juega un papel importante. Pero a tenor de lo que vemos en las salas hoy en día, el cine de Peckinpah se ha quedado corto. Otro ejemplo: pensad ahora el desembarco en la Playa de Omaha en la ya citada “El día más largo”, con los 20 primeros minutos en la misma playa de “Salvad al Soldado Ryan” (Spielberg, 1998). Con todo esto llego al lugar común de que el cine es fruto de su tiempo y lo que vemos en la gran pantalla no es sino un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Pero no voy a hablaros de cine y violencia. La guerra es la protagonista directa e indirecta para contar historias que remueven la memoria colectiva y hacen que se entremezcle el pasado con el presente. “Dunquerque”, “El instante más oscuro” y “Los papeles del Pentágono” son el ejemplo de ello.

Póster película Dunkerque (2017)Durante 2017 y 2018 se han estrenado en nuestros cines dos fantásticas películas con un denominador común: el periodo en el que el Imperio Británico se queda solo en la Segunda Guerra Mundial ante Hitler.

La primera es la obra maestra de Nolan “Dunquerque“, la segunda es la recién estrenada “El instante más oscuro” (Joe Wright, 2017) que tampoco está nada mal. Son dos películas diferentes; la primera produce tensión, encoge el corazón desde el primer minuto, lo pasas tan mal como los soldados que están en las playas sabiéndose rodeados; la otra es más una película histórica, que cuenta lo que pasa en los despachos de Londres mientras los soldados británicos están en las playas belgas. La cinta de Joe Wright nos cuenta los primeros días de Churchill como Primer Ministro y la tenaza que vive entre la Blitzkrieg y las zancadillas de su propio partido. En el “Instante más oscuro” las playas de Dunquerque son también protagonistas. Son un punto en un mapa del que hay que sacar a esos soldados, a los que el otro director, Nolan, los tiene pasando miedo y frío. Dos películas muy diferentes, con ritmos desiguales, pero donde parece que se cruzan los ritmos narrativos como siguiendo los tiempos del flashforward o flashback. Parece que se mezclan, se entrecruzan, como si estuvieras viendo dos películas en una.

Póster película El Instante más oscuroEl cine, como cualquier industria, aprovecha las conmemoraciones históricas para hacer taquilla. Es una forma de “aprender” para los que no quieren leer el libro y sobre todo para hinchar el orgullo nacional que siempre viene bien en estas sociedades. El problema es que en estas dos películas no hay aniversario alguno. De 1940 a los años de producción de ambas, 2017, van 77 años y está claro que no es una cifra redonda para conmemorar nada. ¿Por qué dos películas con una denominador común el mismo año? Sin lugar a dudas el síndrome del Brexit: Inglaterra sola ante Europa. Una gran potencia unida al viejo continente en Historia, pero una isla al fin y al cabo, lo que denota el carácter británico y su tradicional euro-escepticismo. Durante la campaña probrexit, fue recurrente en algunos medios británicos las alusiones al periodo del “Espléndido aislamiento”, término acuñado por la historiografía para hablar del periodo victoriano – de la que por cierto también tenemos una serie en la pantalla pequeña “Victoria” (Daisy Goodwin, 2016) – y cuando Inglaterra se quedó ella sola contra Hitler y “aislada” de Europa. Para incidir más en el asunto, uno de los volúmenes de las Memorias de Winston Churchill de la Segunda Guerra Mundial tiene el más que definitorio título de “Solos“. Dunquerque en lo militar es una gran derrota del ejército británico, pero en el imaginario colectivo ha quedado como una gran victoria. Los que hayan visto Dunquerque lo sabrán. Ambas películas acaban con el famoso discurso de Sir Winston Churchill, “lucharemos en las playas, en los campos…” Parece como si la industria del entretenimiento británica se hubiera puesto de acuerdo en unir pasado y presente. Este blog no es el espacio para hablar de Brexit duro, blando, pero sí para hablar de cómo cine, política e historia se mezclan; para hablar de cómo dos directores han hecho cine de la memoria colectiva de su país durante unos momentos tanto críticos como decisivos. De este modo los procesos históricos se cruzan con la realidad contemporánea, la memoria del pasado se revive en el presente. Póster película Los archivos del Pentagono

Pero ya no es solo el Brexit el que estaría presente de un modo u otro en los cines, también lo es Spielberg y su “Los Archivos del Pentágono” con las filtraciones a la prensa de Wikileaks, Snowden y en la Casa Blanca uno de los Presidentes menos querido por el público. Si en nuestra presentación hablamos de la Guerra del Vietnam, acabaremos con el mismo conflicto. En este caso la guerra de Indochina genera un montón de secretos oficiales que el público estadounidense debe conocer. Si con “Dunquerque” y “El instante más oscuro” el tema central es una Inglaterra que se queda sola frente a Europa; en los “Papeles del Pentágono” serán por un lado las filtraciones de información oficial a la prensa y por otro la denostación por parte de Donald Trump de los medios de comunicación contrarios a su corriente de opinión. Por eso mientras uno ve “Los Papeles del Pentágono” no puede parar de acordarse de lo que lee y ve cada día en los medios de comunicación social. Es como si viviéramos un deja vu. De nuevo está presente el imaginario colectivo. Los hechos pasados se mezclan en el presente, es el recurrente y manido “la historia se repite”. El propósito de Spielberg no es otro que el de remover conciencias. Pero lo que dice está ahí. Lo que pasó en 1971 está pasando ahora mismo. Pasado y presente se juntan para llenar el cine y remover conciencias.

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