Crítica Balada triste de trompeta

Y además lo hace con un descacharrante sentido del humor que impacta contra el abotargado espíritu del espectador que acude a la sala de cine ‘para que le cuenten una historia’. Aquí no hay un convencional desarrollo de la trama que desemboque en un final más o menos previsible; todo está compuesto por hilarantes cuadros de acción bizarra enlazadas abruptamente por un ritmo endiablado y una potente banda sonora de ecos retumbantes. Como esa excepcional obertura de créditos que recoge el amplio catálogo de payasos que este país ha padecido en el último siglo, algunos más creíbles que otros aunque todos tristes y sin un ápice de gracia. O como ese comienzo memorable dominado por la figura de Cayetano Guillén Cuervo, uno de esos actores tan prescindibles dentro del panorama español aunque aquí sorprendentemente creíble, arengando con ‘cojones’ a las filas republicanas compuestas incluso por un payaso de rizos de oro devenido en el fragor de la batalla en un sangriento guerrillero pertrechado con machete en mano (e interpretado por el excesivo Santiago Segura).Un baño de sangre sucio, hipnótico, visualmente poderoso, con una iluminación mágica, una dirección artística asombrosa y un baile perfecto de soldados milimétricamente sincronizados para dar verismo a una escena antológica de nuestro cine.

A partir de este punto, la acción se torna un tanto repetitiva, protagonizada por una persecución infinita que condena a los personajes a encontrarse una y otra vez, un aciago destino de amores imposibles y odios viscerales anidados durantes años. El guión adolece aquí del vigor suficiente para mantener la tensión dramática que la historia requiere. Alex de la Iglesia naufraga así entre momentos de inexcusable inspiración (esa mordedura al Generalísimo o la apelación a los etarras; «¿ustedes de qué circo sois?») y tramos anodinos de cuestionable valor, hasta alcanzar un clímax final apoteósico con el trío protagonista encaramado en la imagen icónica por excelencia de la dictadura de Franco. Un desenlace muy del gusto del realizador vasco que sorprende por la poderosa estética gótica que impregna la escena y el último giro de guión que vuelve a enfrentar, como una mueca grotesca del azar, a los dos payasos entre risas y lágrimas de desesperación.
Balada triste de trompeta es una muestra más de la imaginación desbordante de un autor que ahonda con cada obra en un mundo interior inabarcable. Como una suerte de parada de los monstruos, la película ofrece una visión valleinclanesca y desmadrada de una realidad enquistada en nuestro país. Pues, qué mejor forma que acercarse al drama de la guerra civil y sus terribles consecuencias que desde el mundo de la farándula y el esperpento, ese que deforma las apariencias hasta llegar al núcleo primigenio de su verdad. De la Iglesia compone aquí una payasada cinematográfica de altura, pero con garra y pasión insoslayables. Digna de nuestra admiración es su valentía, aunque el resultado final no sea completo. Sin duda, no se nos ocurre un presidente mejor para nuestro cine que este macabro, sensible y genial payaso con alma de artista.
Autor: Jesús Benabat


![[Nachotiras] Felices Fiestas 22 [Nachotiras] Felices Fiestas 12](https://siguealconejoblanco.es/wp-content/uploads/2010/12/felices-fiestas-80x80.png)
![[Crítica] Cuento de Navidad 23 [Crítica] Cuento de Navidad 13](https://siguealconejoblanco.es/wp-content/uploads/2010/12/cuento-de-navidad-80x80.jpg)