Portadas Judge Dredd: Judge DeathCuando todavía estaba en primaria, Judge Dredd era uno de mis héroes favoritos. Había algo especial en este estricto hombre obsesionado con la ley, y aunque en ese entonces no era consciente de quién escribía o dibujaba las historias que tanto disfrutaba, siempre tuve una especial predilección por Brian Bolland. Honestamente, no puedo recordar cuando empecé a notar su nombre, pero él solía ilustrar una gran cantidad de portadas, y recuerdo que buscaba siempre su firma y su característica ‘N’ invertida, que se convertiría en su marca personal.

Así que, en cierto modo, aprendí a identificar diferentes estilos artísticos gracias a Brian Bolland y el resto de los maravillosos dibujantes y entintadores que estaban a cargo de Juez Dredd. En las últimas décadas, Bolland se ha hecho famoso como uno de los mejores portadistas de la industria, pero por alguna razón ha dejado de hacer arte interior. Por supuesto, ese no era el caso en 1980 cuando el Juez Muerte y la Jueza Anderson hacían su primera aparición en las páginas de 2000AD 149 a 151 (en 1981, Bolland volvería para la secuela “El Juez Muerte está vivo”, publicada en 2000AD 224 a 228). Estas dos historias de Juez Muerte serían reeditadas a todo color (cortesía de John Burns) para el mercado de Estados Unidos en los años 80.

Aunque la mayoría de las aventuras de Juez Dredd están firmemente insertadas en un futuro post-apocalíptico y son, por lo tanto, de pura ciencia-ficción, el escritor británico John Wagner nunca olvidó que los cómics son el medio ideal para combinar sin esfuerzo la ciencia ficción y la fantasía. De hecho, estos dos géneros siempre están separados cuando se trata de novelas, pero en los cómics no hay nada más común que ver la magia arcana y la tecnología avanzada coexistiendo en la misma página. Y esto es exactamente lo que sucede en la saga de “El Juez Muerte”.

Página Judge Dredd: Judge Death (01)Tal vez el primer adversario sobrenatural de Dredd, el Juez Muerte es una criatura sin vida con la capacidad de matar a todos los que toca. Él viene de una dimensión paralela en la que los jueces llegaron a una conclusión espeluznante: todos los delitos son cometidos por los vivos, por lo tanto, la vida misma es un crimen. Dredd por sí solo no puede derrotar a Muerte, y por ello debe pedirle ayuda a la Jueza Anderson, la integrante más talentosa de la División Psi. La Jueza Cassandra Anderson es la antítesis de Dredd, y creo que precisamente por eso los lectores de inmediato se enamoraron de ella. La jueza rara vez se cubre el rostro, a diferencia de Dredd que nunca ha mostrado su cara en más de 36 años. Ella es vivaz, entusiasta y de mente abierta, mientras que Dredd es severo, realista y rígido.

Obviamente, ella también muestra un gran sentido del humor. Cuando se encuentran por primera vez, Anderson lee la mente de Dredd y afirma que él no puede ocultarle sus “culposos secretos” a una telépata. La respuesta de Dredd es contundente y al grano: “no tengo secretos culposos”. Ese momento, aparentemente inocente, marcará el comienzo de un coqueteo sutil de parte de Anderson que el mayor juez de Mega-City One preferirá ignorar. De hecho, unas páginas más adelante, Anderson toca a Dredd para protegerlo psíquicamente y Dredd se queja preguntando “¿Es esto absolutamente necesario?”.

Página Judge Dredd: Judge Death (02)En la batalla contra el Juez Muerte, Anderson actúa aún más heroicamente que Dredd. Ella está dispuesta a sacrificar su vida con el fin de aprisionar la mente de Muerte dentro de su cuerpo. Afortunadamente, en “El Juez Muerte está vivo” Anderson revive, después de todo, resulta que ella sólo estaba en estado de animación suspendida. Esta vez, sin embargo, el Juez Muerte se reúne con 3 siniestros aliados: Fuego, Miedo y Mortis. Juntos, los cuatro jueces oscuros (como los cuatro jinetes del Apocalipsis) matarán a cientos de ciudadanos de Mega-City One, hasta que Dredd y Anderson finalmente encuentran la manera de detenerlos.

El arte de Brian Bolland es de una belleza sobrecogedora. Altamente detalladas, muy bien balanceadas y armónicamente diseñadas, cada una de las páginas de Bolland establecen un precedente artístico que muy pocos de sus colegas podrían superar. Con un sentido único de la estructura secuencial, Bolland siempre supo cómo retratar el movimiento y los conflictos internos, desde los protagonistas a los personajes más insignificantes. Estas viñetas son siempre una inmensa alegría para los ojos; todo lo que hace que el noveno arte sea tan grandioso puede encontrarse allí. La imaginación de Bolland y su creatividad visual son incomparables, y aunque muchos se pueden asombrar por su perfeccionismo y por la precisión de su pincel, lo que más me sorprende es que incluso en 1980 él ya era consciente de su deber como artista. En lugar de apresurarse para cumplir con los plazos de entrega, él dedicaba tanto tiempo como le era posible a su trabajo. Y esa es una de las razones por las que no podemos dejar de admirarlo: por su compromiso total con el arte.

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