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Sahrazad de Sergio Toppi

Sahrazad de Sergio Toppi

Los primeros años de la década de los ochenta fueron en España la época dorada de las revistas de comics. Multitud de publicaciones de todos los estilos florecían de la mano de diferentes editores. Eran los años mágicos de Cimoc, Cairo, Tótem y El Víbora. Probablemente el más importante de todos estos profesionales era Josep Toutain. Con tres revistas en el mercado, 1984, Creepy y Comix Internacional, copaba el interés de los aficionados. Gracias a él encontramos a un buen puñado de autores norteamericanos y europeos, y recuperamos a los más importantes dibujantes patrios. Toutain fue el artífice del gran boom de Richard Corben en nuestro país, trajo a magníficos artistas raramente vistos y también nos coló algunos saldos.

Sus revistas estaban trufadas de historias cargadas de fantasía, adornadas con bellezas ligeras de ropa y rematadas con finales sorpresivos. Ilustración + Comix Internacional fue su producto más ambicioso. Si 1984 se centraba en la ciencia-ficción, y Creepy lo hacía en el terror, Comix Internacional tenía mayores aspiraciones estéticas y perseguía el descubrimiento de autores puntales clásicos y modernos. En sus páginas se atrevía a encarar obras más difíciles, y es donde tuvo cabida la adaptación que de los cuentos recopilados en Las Mil y Una Noches llevó a cabo el italiano Sergio Toppi.

El contraste fue grande. Acostumbrados a los cómics de acción, las historias de Toppi eran lentas tragedias de proporciones shakespeareanas. Su sentido del espectáculo residía en la grandiosidad de sus páginas, y no tanto en impactar al lector con situaciones chocantes. El italiano había comenzado la publicación de Sahrazad a finales de la década anterior en la revista Linus y era su obra más personal hasta la fecha. La primera en la que exhibía total autoría. En ella Toppi daba rienda suelta a su interés por la investigación formal, por experimentar con la expresividad de su trazo y por hacer evolucionar tanto su dibujo como la técnica del comic.

Los cuentos que recoge Sergio Toppi son historias sangrientas conducidas por el fatalismo y el sentido trágico de la vida. Relatos de grandes pasiones, de venganzas y de ojo por ojo. Para ponerlos en imágenes, el artista recurre a magnificentes composiciones de página, viñetas laberínticas que a menudo ocupan una sola plancha congelando en un instante todo un lapso narrativo. Ese dibujo por sí sólo puede representar el paso del tiempo dejado discurrir la mirada por su trazo, intrincado y fundamental, y completando la información sugerida. Una maraña de líneas entrecruzadas y unas splash-pages sobrecogedoras en donde el autor perfilará la personalidad que le hará reconocible entre cualquier otro.

Toppi se documenta para caracterizar a una galería de personajes revestidos de un esplendor bárbaro tremendamente realista, y a la vez disparatadamente exagerado. Príncipes indios cubiertos de abalorios de bronce y ricas telas, esclavas de ojos tiznados, sirvientes enjutos, magos ajados, genios y gigantes. Pero a pesar de beber directamente de la técnica del collage y del estilo del pintor Gustav Klimt, el Sahrazad de Sergio Toppi no supone una mera colección de cuentos ilustrados, sino una pequeña revolución narrativa que acusa la influencia de las vanguardias artísticas para realizar un comic maduro y para adultos. Una obra compleja y a la vez un recreo para la vista que Planeta De Agostini reunió en dos bonitos tomos, el segundo de ellos totalmente inédito.

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