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[Critica] Spirit

Si tuviera que utilizar los dedos de una mano para enumerar mis comics favoritos, no les quepa duda de que uno de los primeros dedos estaría destinado a The Spirit de Will Eisner. Por eso es una pena y una vergüenza tan grande el que una obra de esta magnitud se vea tan mal servida por una adaptación cinematográfica tan infame. Varias veces había intentado ver la película que en 2008 escribió y dirigió Frank Miller para su eterna condenación en el infierno de los sinsentidos, pero jamás conseguí pasar del minuto diez. Tenía que hacerlo, sin embargo. Tenía que verla. No saben lo que me ha costado.

Parte del problema es que captar la inagotable diversidad de la obra de Eisner en un film de hora y media es una tarea imposible. Sin embargo, tampoco era necesario llevar a cabo un engendro tan distante del original. Salvo algún perdido guiño a los momentos más disparatados del comic, el trabajo de Miller no tiene nada que ver con el Spirit de Eisner. Tal vez el director crea que porque menciona la Avenida Dropsie, pasa la cámara sobre una alcantarilla rememorando una famosa splash-page, y replica el inicio de la historia de Plaster de París, está demostrando que conoce el material que maneja. Lo único que consigue con esto es acentuar su falta de respeto. Los títulos de inicio superheroicos dan idea de que el director anda muy desorientado, y los créditos de cierre, dibujados por el propio Miller en lugar de presentar ilustraciones de Eisner, son el insulto final.

El guión utiliza la historia de Sand Saref para dotar al protagonista de un origen y, de paso, confiere a la protagonista femenina de las características de P’Gell, un personaje mucho más conocido. Pero la humanidad, el humor, la ironía, la profundidad y la inteligencia de la obra original se convierten aquí en un disparate aburrido protagonizado por una especie de Lobezno irrompible con factor curativo. Lo que pretende ser humorístico resulta ridículo e incomprensible. A la hora de acceder a caracteres relevantes, parece que Miller quisiera hacer un catálogo apresurado de todas las mujeres que aparecen en The Spirit. No ha tenido valor, sin embargo, para aventurarse con el políticamente incorrecto Ebony. El comisario Dolan, por su parte, queda totalmente desdibujado como un mero jefe cascarrabias tópico.

El problema mayor es que, independientemente de su origen, The Spirit es una mala película. Lenta, aburrida y llena de absurdos, parece una segunda parte de Sin City. Una modernización que le sienta como un tiro en el pie, con una estética de plástico que tampoco le hace ningún bien. El recurso al monólogo interior y la puesta en escena remiten a la anterior película de Miller una y otra vez, pero el discurso del protagonista resulta obsesivo, monotemático y se hace pronto irritante. Los diálogos son penosos, de vergüenza ajena, no pueden diferenciarse más de los maravillosos guiones de Eisner. Ni una sola frase sale de los comics, sino que todas y cada una de ellas son un puro disparate. Los escenarios, interpretaciones y luchas teatrales parecen tener una intención paródica, pero tampoco funcionan. Cada elemento podría haber sido transpuesto a Sin City y no hubiera habido diferencia.

Miller quiere hacer de cada secuencia una construcción llamativa, pero el resultado no es más que un despliegue de imágenes raras. Ensaya una mezcla de cine negro, superheroico y humorístico, y falla en todos. Llega un momento en que el argumento deja de tener importancia entre tanto diálogo estúpido y se convierte en una tortura plagada de personajes que funcionan como idiotas. Uno desea que acabe cuanto antes, pero ese final con una ensalada de tiros está también de todo punto fuera de lugar. Le habían prometido a Eisner que harían una adaptación fiel y respetuosa de su creación. Tuvieron que esperar a que falleciera para perpetrar esto. ¿Tan mal le sentó a Miller que Eisner le cantara las cuarenta en aquel libro de entrevistas? Sin duda los ejecutivos de la productora no tenían ni idea de qué trataba The Spirit y pensaron que bastaba con el nombre de Miller para atraer al público. No todos los comics son susceptibles de ser adaptados a la gran pantalla, y es mejor que sea así.

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